Creer o estornudar.

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“Nunca se sabe qué tan intensamente se cree en algo hasta que su verdad o falsedad se vuelve un asunto de vida o muerte.”
CS Lewis

Si no fuera porque en Julio eran las vacaciones, con mucho gusto habría odiado ese mes.

En Julio, religiosamente empezaba la temporada invernal, en mis Termas de Rio Hondo, pero sobre todo era la apertura a mi maratón semestral de estornudos interminables, me dejaban sin aire, envuelto en una respiración asmática mientras mis ojos se llenaban de lágrimas de impotencia ante la imposibilidad de detener, tamaña situación, en mi pequeño tamaño de siete años.

En Julio, por ende, se reforzaba el peregrinaje a los alergistas, las inyecciones entraban en escena, decenas de vacunas experimentales se ensañaron con mis flacos brazos. Las enfermeras, agotaban los argumentos para entretenerme, ante los pinchazos que uno tras otro, semana tras semana, hacían de mi un autentico, tiro al…negrito.

Todos, pero absolutamente todos los intentos por detener la maratón de estornudos eran en vano, ni siquiera llegaban a darme un respiro de una semana.

La alergia se apoderó de mi existencia incipiente y se reía del inmenso equipo que buscaba darme paz.

En mi niñez, me revelaba a cualquier cosa, pero a esto no, con inmensa docilidad me declaraba derrotado entregándome a cualquier proceso, para generar el suceso de ganarle a la situación, que duraba exactamente seis meses ininterrumpidos.

Una vez me enteré que toda la “serie de vacunas” era solo para saber a que tenía alergia, para que desde allí puedan encontrar con que sanarme. Fue un momento de gran angustia donde me sentí una auténtica rata de laboratorio.

Mi alergia ya era una cuestión que excedia a mi y también a mi familia. Los vecinos opinaban, los proveedores y clientes de mi padre, aportaban sus diagnósticos y pronósticos.

…Seguro que es reacción a polen.

…Debe ser por el polvillo.

…Es por el frío.

…Se le pasara solo cuando sea adolescente. Y así las conjeturas profesionales y vecinales, llenaban una interminable lista de pestes que respaldan la pésima sinfonía de achíses.

Yo era dueño de mis estornudos y por ende tenía derecho a deducir un diagnóstico, pero no me anime a contar mi descubrimiento, por miedo a que me internen por otra enfermedad. Entre estornudo y estornudo me fui convenciendo que tenía alergia a los turistas, que como abejas llegaban y hacían de Julio un mes nefasto para mi, pero próspero para todo el pueblo.

Con la alergia salíamos de viajes sanitarios a Santiago a Tucumán y hasta al hospital Durand de Buenos Aires que hizo su intento y… nada. Cada vez estaba más convencido que los turistas eran los que me traían la alergia y qué me tendría que acostumbrar a ella de por vida.

Pero en mi pueblo, todo era magia y a solo 15 minutos de la puerta de mi casa, el NIÑO ARMANDO, con una botella de alcohol y dos pastillas de alcanfor, todo lo sanaba.

¡¡¡Y nada de análisis, ni inyecciones ni enfermeras gordas!!!

El curandero del momento tenía a jaque a los laboratorios multinacionales y era prácticamente nuestro vecino.

Mi madre, Doña Ana, no lo dudo y al paraje La cañada, fui a parar con mis cortos huesos, los ojos llorosos, la nariz roja y el pecho agitado.

La gente llegaba en cualquier tipo de transporte, caballo, sulky, auto, camión y hasta ómnibus repletos de sufrientes de algo que arribaban en búsqueda de la poción mágica.

Llegamos a las tres de la mañana, para conseguir turno. Unos papelitos idénticos a los de las rifas de mi escuela.

-Me dieron el 57 – le cuenta mi madre a una señora desconocida, compañera de espera.

-Es muy milagroso el niño, me dijeron que vino la esposa de un militar, que la trajeron en un helicóptero con escarapela, venía con bastones y se fue caminando- Contaba la desconocida-

El niño atiende en una pieza de adobe blanqueado con cal. Los ya atendidos salían más alegres, aferrándose a la botellita de alcohol.  Algunos llevaban varias, para otros dolientes que no pudieron venir; me enteré por la señora desconocida que no paraba de enumerar milagros.

En la sala de espera al aire libre y en plena noche alumbrados con un fogón y unas luces a gas, se ofrecían, tortillas, chipacos, “sanguches de milanesa”, gaseosa Secco y de postre rosquetes. También mate cocido en latitas de durazno al natural. Y como si fuera pocos huevos caseros, el niño Armando era un generador de abundancia y prosperidad para ese pedazo del monte santiagueño.

Al lado del consultorio otra habitación de adobe, pero pintada de celeste patrio adentro, una virgen llena de adornos, desde tules a flores de plástico pasando por un sinfín de chapitas con forma de órganos, dejado por los que ya fueron sanados en testimonio y agradecimiento.

La virgen es la receptora silenciosa de “la voluntad” que puedas ya que el niño Armando no cobra pues su poder proviene de la virgen que cura a través de él.

-Hay que aportar a la virgen para que ella le ayude a él– me decía mi madre como si yo entendiera lo que estaba viendo, sintiendo y ya escuchando, pues el gallo envidioso empezaba a despertarse y no quería hacerlo solo.

De repente una mujer con pelo entrecano orgullosa de su edad, llamó con un grito.

-Que pase el 57-

Mi madre de un salto ya estaba en el umbral del consultorio y yo flameando de su mano izquierda, ya que, en su derecha, envuelto en papel de diario, la silueta del alcohol Frau y la ristra de alcanfor, están sujetados con profunda expectativa.

El niño no parecía niño, pensé en silencio que era el padre de el niño, pero era él, allí delante mío, en ese espacio, a media luz del amanecer.

El Niño Armando, con un sombrerito claro, en el cuello muchas cruces brotan de una camisa oscura, un cinto grueso sujeta una cintura poco afecta a la gimnasia, el pantalón claro Oxford, como el de mi hermano remata en un ruedo que acaricia a unos mocasines, que en algún momento fueron negros y ahora… grises por el suelo de tierra indomable.

El escucha paciente mis penares, magistralmente relatado por mi madre, fiel testigo de mis crisis nocturnas.

Su mano está apoyada en una mesa cubierta por un mantel de hule floreado. Estamos los tres uno al lado de el otro, yo en el medio.

Él levanta su mano derecha sobre mi cabeza, dice algo, creo que es un rezo. (No puedo saber lo que nunca hice.) En el acto me dio un miedito y pensé… ahora desaparezco y…para siempre.

-Bien Doña Anita, hágale tres fricciones antes de dormir con este alcohol con alcanfor y se curará inmediatamente- Sentenció el niño con una seguridad que hasta miedo daba.

Inmediatamente con un veloz movimiento abre la botella y hace trizas las pastillas de alcanfor y las introduce en el alcohol que inmediatamente empieza a expulsar unas burbujas blancas que se derraman en el mantel.

Cada segundo que pasaba, más sentía que estaba por desaparecer mi vida en ese mismísimo momento y lugar.

Me aferre a mi madre con mis dos manos.

El niño seguía rezando y empieza a hacerse lo que la gente hace cuando pasa delante de una iglesia. Me acaricia la frente y con su mano santa peina mis rulos rebeldes, de la noche en espera.

-Aaah doña Anita, hágalo “oler” la botella tres veces al día. Toda ira muy bien. – Asegura el Niño Armando mientras nos despide.

El tratamiento empezó de inmediato, la primera “olida” fue a los 5 minutos y hasta las noches fueron más, preparándome para las fricciones nocturnas de las ansiosas manos de mi madre obsesionadas por darme paz.

No desaparecí, pero si desapareció doña alergia, nunca más vino en Julio ni en ningún mes, empecé a querer a los turistas y a creer o … estornudar.

Capítulo 15 de mi próximo libro El ruido de las alas.

Aquí van algunos de los agradecimientos hacia el Niño Armando.

Hace unos años ya no está físicamente, pero el GRACIAS!!! lo sobrevive.

Discurso sobre las estrellas.

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“El hombre es un cosmos pequeño y el cosmos es un hombre grande “

Muhammad Iqbal . 

PARA IMAGINARSE NADA MEJOR QUE MIRAR PARA ARRIBA.En aquellos veranos ardientes donde por las noches dormíamos en la terraza junto a mis padres y hermanos era toda una aventura. Mi tía del campo con sus adivinanzas exigía encontrar la respuesta y me enseñaba a no claudicar.

Tía, tía me rindo…dígame cómo es ?– le suplicaba

Nooo Israelito hasta que no la descubras no hay otra adivinanza.

Y así podían pasar noches y noches buscando acertar.

Ella me enseñó … el que abandona nunca gana y el que gana nunca abandona.#exploralo.

Mientras la noche seguía su curso y las conversaciones no paraban, la tía Honorata, empezaba a contar leyendas temerarias que me hacían tiritar -como si fuera pleno invierno- mientras empezaba a encogerme y a acorrucarme al lado de mamá, hasta que el sueño le ganaba a la pesadilla.

La tía era una superstición caminando. Me cuentan que cuando nací, hacía pasar la pata de una pollito en mi pie de recién nacido para que sea caminador y nunca me detenga.#exploralo.

Ella me enseñó a explorar el cielo.

¿A ver a ver a donde están las tres marías? ¿Y las 7 cabrillas? ¿Y la cruz del sur?

Con cada desafío que me ponía, me convertía en un auténtico amante del cielo. Ella todas las noches me abría el telón del espectáculo más bello que mis ojos ávidos de búsqueda podrían tener.

Hoy estoy aquí en Jaipur (India) experimentando en el observatorio astronómico a cielo abierto más famoso del mundo, el Jantar Mantar (espacio para calcular) creado por el marajá Jai Singh II (1688-1743) un amante de la Astronomía y la arquitectura que se empecinó en construir instrumentos de medición cósmica con mampostería.

Camino entre la mágica serie de elementos imaginándome el placer de aquellos que hace tantos años miraban hacia arriba para ver más que estrellas.

Y así me encuentro con el ASTROLABIO (buscador de estrellas) más grande del planeta tierra, con sus 2 metros de diámetro y 400 kilos de peso, una autentica joya para medir con exactitud la posición, la altura de las estrellas y hasta los horarios, fue  a su vez un instrumental especial para navegar o para saber la orientación a la Meca y los horarios de rezo.

Sigo jugando a perderme entre estos elementos para ubicarse.

 Aquí mismo está el famoso GNOMON es objeto alargado que proyecta una sombra que nos permite saber horarios y latitudes, este también es el más grande del planeta con sus 44 metros de base y 27 metros de alto. Me quedo largo tiempo mirando sus proyecciones de exactitud meridiana, exactamente  mueve su sombra 4 metros por hora y  es utilizando, entre otros servicios, sirve para  predecir las cosechas venideras.

Empiezo a ver a muchas parejas que visitan este parque cósmico y sobre todo recorren las 12 estructuras gigantes que representan los signos del zodiaco que están orientados exactamente hacia sus respectivas constelaciones, aquí las parejas vienen a consultar si la unión de acuerdo a sus signos será fructífera y cuando sera mejor casarse.

La astronomía y la astrología tienen un noviazgo no correspondido para los científicos, pero para los adivinos…es un amor inseparable.

La primera es la ciencia que estudia el universo en su conjunto a partir del análisis de las posiciones, movimientos, estructuras y evolución de los astros. Para ello se emplea el método científico y la segunda es una disciplina pseudocientífica que trata de predecir los acontecimientos de la vida humana en base a los astros y su posición en el cielo. Por lo tanto, la astrología está basada en una serie de creencias que establecen una relación entre los seres humanos y las posiciones de los astros en el firmamento.

 Mientras sigo caminando por la zona y pensando en esta rencilla veo como los sistemas de creencias pueden generar una capilaridad de veracidad que no siempre los métodos científicos logran convencer. #exploralo.

Busco la definición etimológica de astrología proviene del latín y está compuesta por las palabras /astron/ ‘estrellas’, y  /lógos/, ‘tratado’, ‘discurso’.  Por lo tanto, , la astrología es «el discurso sobre las estrellas».

Vuelve a mi el recuerdo de la tía Honorata…la del campo, la que nunca fue a la escuela, la que nunca supo del método científico, recupero sus arrugas, el pelo entrecano, sus lentes de carey, el batón de florcitas y sobre todo su sabia picardía para mantenerme imaginando permanentemente.

Vuelven a mí, aquellas noches “al sereno” cuando con el dedito gordo del pie apuntaba a las estrellas encontradas y siento que… ya estuve aquí hace más de 40 años.

¿Sabias que si apuntas al cielo, siempre… siempre darás en el centro? #exploralo.

La mano del adiós.

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Oh uno, oh nadie, oh ninguno, oh tú:
¿Adónde iba si hacia nada iba?
Oh, tú cavas y yo cavo, yo me cavo hacia ti,
y en el dedo se nos despierta el anillo.

Paul Celan

Es suficiente que la noche se haya prolongado, más de la cuenta, para que la cama del negocio funcione como escudo protector de los trasnoches. Esa fue una de aquellas veladas donde los ojos de los madrugadores podían ver mejor que los míos que se obligaban a estar abiertos.

– Es mejor quedarse a dormir en el altillo- me decía mi dialogo interno con voz cansada.

Ya, en la habitación, había que acomodar un poco las sabanas, golpear la almohada para fabricar el hueco donde apoyar los pensamientos, y a acunar el cansancio, cerrando las pestañas sedientas de sueño.

Ellos solían llegar demasiado temprano, para mis tardanzas. Las medialunas debían ser horneadas con puntualidad. La división de tareas era algo sobrentendido; mientras mi mamá preparaba los mates, él se ocupaba de los números para afrontar los vencimientos del  día.

(Uriel duerme arriba ejercitando mil formas diferentes de atrapar sus sueños.)

De repente, un grito despierta hasta los huesos.

¡Uriel, baja, papá se descompuso!. Sentí retumbar mi pecho y una fuerza ajena me catapultó. Encontré su figura de rodillas, en el suelo. Sus manos parecían contener el crujir de su lado izquierdo. Se arrugaba su camisa, con la fuerza del puño  tembloroso que intentaba sin éxito que bombeara mas su corazón, el mentón apuntaba al techo, la nuca se entregaba, el torso abdico y las piernas se relajaron mas de la cuenta. Sus ojos se cerraban, odiando la partida que lo vencía sin revancha.

Mi madre, congelada,  silenciosa observaba la despedida. Yo retenía con fuerza su espalda sobre mi pecho adolescente que ni imaginaba la orfandad que venia. Su cabeza en mi hombro desnudo, su barba de dos días raspaba mi mejilla reclamadora de afecto. Un ronquido intentaba el último mensaje. Sus ojos celestes se estrujaban y distendían en instantáneos pantallazos de vida. Sus labios apretados convertidos en mármol glaciar todo. Su pecho contenía un corazón destrozado que suplicaba aire. La mano…esa mano, la del rubí, apretaba la mía con terrible intensidad, en tanto, el roce ya solo de mi cara acompañaba desde afuera el viaje de él. Y, de repente, la dolorosa calma todo lo convertía en silencio. Su cuerpo amurado al mío cobró un peso inusitado. Su mano, que me ceñía, se transformó en fugitiva caricia protectora, la última.

Los tres  estábamos solos,  como en la vida, mamá siempre de pie.

Las alas no daban opción, debían asumir el vuelo. El plumaje de pichón adquiría la forma de un ave de verdad que debía volar planeando culturas, aterrizando en razas, despegando desde idiomas, carreteando las vías, encontrando para vivir metas, el propósitos, sentidos.

Y me vino la pregunta…..

¿Cuándo se despide a un padre para siempre?

Fragmento de mi libro “El ruido de las alas”un niño que soñaba con cambiar el mundo.

Homenaje a todos los padres que sobre-viven .

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                            Gracias David Cinman.

TIJERETA VIZCACHA

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Escuchar, respirar conscientemente, oler, saborear, sentir y aprovechar el momento….

Ami

                                                                        

Exactamente a las trece y treinta, la radio se convertía en el centro de la reunión  alrededor de la Hitachi Transistor WH-822h, enfundada en su cuero marrón con agujeritos.

El dial clavado en LV-12 y un locutor, que ensayaba sus mejores “rr” porteñas  corría el telón de los megahertz al decir: “Transmite LV12, Radio Independencia desde sus estudios centrales en San Miguel de Tucumán, Jardín de la República”. Inmediatamente caemos de lleno en una música con redobles de trompetas y platillos que nos hacían vibrar todo el cuerpo.

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Otra voz, ahora aterciopelada, modulaba: “La compañía de Ricardo Jordán nos presenta -redoble de trompetas- ¡ELLLL LEÓN DE FRANCIA!

Un breve repaso del último capítulo nos conectaba con el instante en el que EL entraba rompiendo la ventana -se sienten los ruidos de los vidrios desparramados sobre el piso, el caballo que relincha en el patio, justo al lado de la fuente, en el mismisimo centro del castillo y “Don León”, que le susurra al oído, promesas de amor eterno a ella, prisionera en su alcoba de pesados brocatos rojos-.

Él esta siempre alerta, pues la llegada de los guardias no se hace esperar. Entonces, huye por la misma ventana hecha añicos, pero antes deja un ruidoso beso en la mano de su amada , en su oído -y en los nuestros- acompañando la promesa de regresar muy pronto. A continuación, salta con certeza de equilibrista sobre el blanco corcel y se aleja cortando el viento y la oscuridad. El sonido del  galope que se va perdiendo, es tapado por el suspiro de ella, a la ansiada espera de otra visita, rompedora de ventanales, mientras la rodeaban los metálicos guardias que siempre… llegan tarde.

Esto y muchisimo más es acompañado nuestro  silencio de  radioescuchas que, sentados en la vereda, entre ruidos y ruidos, relatos y relatos, consumíendo la bolsa de mandarinas, que oficiaba de ansiolítico ante tamaña intriga sembrada por Ricardo Jordán, dueños de las siestas invernales de mi pago.

Apenas él León escapaba, nuevamente se escuchaba el relato de las “rr” con las preguntas obligadas: “¿Volverá el León? ¿Sanará de su mortal herida? ¿Descubrirán su escondite? No se pierda el próximo capítulo mañana, a la misma hora y por el mismo dial”.

En seguida el clima se distendió y las sonrisas relajaban los maxilares que degluten la fruta, pues llegaba la otra novela … “Tijereta Vizcacha, el terror de las muchachas” con la voz del inconfundible Jaime Kloner,  un gaucho risueño que con sus aventuras y desventuras sacaba risotadas del auditorio. Las preguntas finales en vez de intriga te dejaban con lástima las siguientes veinticuatro horas, hasta dilucidar con qué sorprendente arrebato el protagonista solucionaba la última metida de pata.

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Sale de la radio, la noticia esperada cuando llegara la compañia artistica por mi pueblo.

Se las esperaba con pasión. La fecha de la premier era redondeada en el almanaque de la cocina .Un auténtico  acontecimiento familiar.

Aquella vez la función fue, en el salón  bailable de “Don Saleme”, el mítico Recreo San Telmo, que está “deste lao del río”.

Para la ocasión, un cable con focos pintados de diferentes colores acunaba una guirnalda que avisaba: “aquí pasa algo”, y sobre una chapa con un fileteado desprolijo se leía: “RICARDO JORDAN Y CIA. PRESENTAN”, y la obra a continuación. Ante esto, el corazón latía diferente. Luego, en la ventanilla, al comprar las entradas, nos sentíamos en un castillo; en minutos se concretaría el encuentro con las caras que la Hitachi marrón nos mostraba todas las siestas.

Y adentro, mi alma. El Recreo San Telmo lucía diferente. Las sillas plegadizas, a las que hay que reservarlas antes, cubrían la cancha de básquet-multipropósito. Y sobre el escenario, aún oscuro, unas telas oficiaban de telón para cubrir el suspenso del espectáculo tan mentado.

Y como el invierno ingresa por el techo  de estrellas y tampoco brisa del río  paga entrada, es mejor  sentarse todos juntos, uno a la par del otro.O sea“amucharse”.

La cita es a las 21, pero se acostumbra una demora de media hora, para los que vienen de lejos.

Y finalizando la espera ,  los aplausos insistentes de la concurrencia, dan la señal para el magistral comienzo, con la luz de improvisados reflectores,en latas de durazno al natural ,se  iluminaba el telón. Desde las bocinas gigantes, la música de la Hitachi suena a todo volumen. -¡Qué nervios, conoceré al León de Francia, espero que haya traído el caballo!-me decía esperanzado.

Además de las latas de durazno al natural, los bidones de aceite de 20 litros (esos de la YPF de don Juan Rojas), cubierto con celofán de colores, fabricaba el día o la noche, la pasión o la penumbra, el campo verde o los salones brillantes. Todo era posible gracias al celofán, al tarro y un foco.

Los telones  no se avergonzaban de las “L” o los “7” producidos por los traslados,  ¿quién te dice? Habrá sido una estocada de la espada de León?

Los personajes vn apareciendo acompañados por las miradas absortas y los aplausos efusivos, mientras que el actor, con un volteo de ojos, agradece para no sacar de concentración a la platea. Cuando el elenco se había presentado, al final, siempre al final sale… la estrella: “Ricardo León de Francia Jordán” y, ahora sí, los aplausos, gritos, silbidos con los dos meñiques en la boca nos llevaban al éxtasis. Él respondía con un galante movimiento de cabeza.

-¿Qué pasará cuando salude el caballo?-, acotaba a mi in-quietud.

La obra se divide en tres actos. En los intervalos, la venta de números para la mesa servida circula al módico precio de la mitad de lo que cuesta una empanada, “todo” a beneficio de la cooperadora de alguna escuela del campo.

La mesa servida exhibe siempre los mismos “manjares”. Sobre un tablón cubierto por un mantel prestado, reposan los platos llenos, en el medio un jarrón con flores artificiales, más allá unas docenas de empanadas (las de repulgue arriba son picantes, las de repulgue al costado, dulces), pan casero y del otro costado, una bandeja con ensalada rusa casera, otra con pollo en escabeche con mucha zanahoria -como lo hace mi mamá-, varios vinos, gaseosas y unos sifones de la sodería de don Sayago.

Coronaba la mesa un lechón, con un limón en la boca, rodeado de mucha lechuga. Una flanera chorreando el caramelo contenía el postre y para el brindis, una sidra Tunuyán que transpiraba frío.

Como  suelen quedar números, en el último intervalo tendrá lugar el remate de siempre.

Durante el transcurso de la representación, mi extrema concentración me permitió notar la absoluta quietud en el lado derecho de Don León de Francia.  No pude creer lo que había descubierto, “seguramente es obra de mi imaginación” me decía íntimamente, al mismo tiempo que la realidad lo confirmaba. Efectivamente, él León de Francia, Ricardo Jordán, tenía un brazo ortopédico. El, que con su florete desarmaba centenares de guardias…, El, que entra por los tejados, cabalga y dispara a la vez. A ÉL justo a ÉL… le falta una mano… ¿en qué lucha la habrá perdido?  ¿O a ese capítulo me lo perdí?

Sí, era increíble, Ricardo tenía una mano menos. Pero, aun manco, es más loable su trabajo de amante valiente.

Y el caballo no apareció… mejor, porque, al paso que vamos, seguro que es de palo de escoba.

¿Y cuando llegue Tijereta Vizcacha? Capaz que es elegantísimo, rubio y de ojos claros.

Cuando vino “Tijereta Jaime Vizcacha Kloner”,descubrí que no había errado y, además, el interpretaba a “Hormiga Negra”, pero la que nos dejaba enamorados era la hermosa Ana María Alfaro y su “Danza de la gitana”.

Y de ilusión en ilusión la Hitachi y el Recreo San Telmo me tenían en jaque, ilimitando mi imaginación .

 

¿Donde nace la imaginación ?

 

Capítulo XXI de mi próximo libro “El ruido de las alas”… un niño que adoraba soñar.

Galería de recuerdos.

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Imperdible la trastienda de los maestros en hacernos escuchar para ver. 

Te toque !!!

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“Un cazador tiene trato íntimo con su mundo, y sin embargo es inaccesible para ese mismo mundo… Es inaccesible porque no exprime ni deforma su mundo. Lo toca levemente, se queda cuanto necesita quedarse, y luego se aleja raudo, casi sin dejar señal alguna.”

Carlos Castaneda.

 

La media tarde tiene una pausa activa   a mis travesuras permanentes, ya que… Con su corcel, cuando sale la luna aparece el bravo zorro!!!. Y desde la pantalla en blanco y negro…Diego de la Vega , ni se imagina como estaba incidiendo.

Con un palito en la derecha ensayaba las estocadas para desmantelar opresiones del poder de turno que siempre va uni-formado.#exploralo.

Hasta el cartero para mi, era representante despreciable del poder. Todo estaba alineado para entrenar mi zorro, hasta ya tenía mi compañero incondicional, mi hermano Bernardo, que coincidentemente tenia el mismo nombre del mudo.

Y llego, el dia soñado, Guy Williams y su circo de el Zorro actuaba en mi pueblo y hasta pasó por frente de mi casa promocionando la función de las 18 Hs.

Ir a verlo en vivo y directo fue uno de los momentos de mayor emoción de mi niñez. Fue en ese espacio kairos que decidí empezar a estudiar esgrima, mi deporte preferido.

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Y pasó el tiempo y el zorro seguía moldeando mi identidad.

Encontré a un gran maestro, que en jornadas interminables sacaba lo mejor y peor de mi, en  gimnasio Héroes de Barbados, en La Habana. Penetrar en este lugar conecta inmediatamente con la mística de la esgrima, recordando al equipo de esgrimistas que desaparecieron en el mar por un accidente al regresar con tantos logros.

 

Isra, siempre recorda que el esgrima es ajedrez en movimiento.-  #exploralo. Me aclara Romualdo con su tono cubanisimo.

-Debes abrazar la agudeza en el arte de tocar sin ser tocado y el hábil supera al mas fuerte, esto es auto-conocimiento puro, del más veloz y profundo.- #exploralo. Me sigue desarrollando con cada aporte-estocada verbal.

Estoy alerta, concientizando mis emociones, observo a mi oponente, lo  habilito para que se mueva a la “mejor zona de atacarme” aquella que me permite una respuesta certera para ganar la contienda. #exploralo.

La pedana de 2 metros de ancho, me hace saber que siempre estoy en una zona mínima , que a los lados está el abismo y que hacia delante hay un fin y que hacia atrás otro límite,  o sea que el aquí y ahora, es un poderoso circulo de influencia y es allí y solo allí donde la vida y la muerte se expresa exclusivamente, la famosa con-centracion.

-Isra, concéntrate!!! tienes que reaccionar a la velocidad de la luz en situaciones de máximo stress!!!- Me grita Daniel  mientras desafía mi estrategia.

El ataque veloz y la detención brusca, entrena las condiciones cardiorrespiratorias, el oxigeno incorporado debe equilibrarse con lo que expulsas en cada movimiento el magistral STEADY STATE (estado estable) tan importante para la vida misma. #exploralo.

 

-Israaaa concentración, acción y reacción!!!- , me grita buscando ponerme nervioso y… lo logra, mientras tomo conciencia de mi debilidad y allí irrumpe el aprendizaje.

Mis enemigos internos  me quieren dominar y solo enfrentandolos  puedo sacar maestría, ese arte de ganar a mis pasivos internos para lograr logros. #exploralo.

Busco que mi respiración sea profunda, epigástrica, para calmarme, me conecto con mis activos internos, para gestionar congruencia y comunicar qué haré, para que él ingrese en el juego, él parece haber entrado, pero mi dialogo interno, me dice… Agudeza, él te está queriendo hacer creer eso, me juego con un toque largo y el  esquiva, y con una asertividad magistral me toca, y grita touché !!!

Velozmente asimilo la perdida,  estoy de vuelta en posición de inicio, masticando mi bronca pero tomando la nueva oportunidad. El que abandona nunca triunfa y el que triunfa nunca abandona. #exploralo.

Mi conversación interna calibra si estoy en equilibrio estático, mi mano izquierda esta tensa, sigue portando la bronca, la distiendo y desembarco en el  equilibrio dinámico, mi postura  existencial aparece, me sigo calibrando, retrocedo a la pulcritud de libro, no me sale, decido abandonar lo racional y conectarme con mi personalidad y “mágicamente” fluyo independizando mis piernas de mi brazo, consiguiendo ser impredecible para mi contrincante y logrando provocar la maestría de la sorpresa. Ser impredecible para ser imperceptible y viceversa #exploralo.

 

Salto hacia delante, aterrizó con los dos pies quedando en guardia, “desequilibro” el cuerpo hacia adelante,  la pierna adelantada flexionada, el brazo armado en impecable alineamiento  con la hoja, completamente estirado y aprovechando mi altura, penetro el espacio de Daniel, que con su altura no puede reaccionar a la estocada, mientras siento que la hoja se dobla haciendo un arco mientras toca el corazón de mi maestro y en un grito conjunto decimos TOUCHÉ!!!. Celebramos el saber que el triunfo de la habilidad sobre la fuerza nuevamente se llevó los laureles.

Nos estrechamos  la mano mientras vamos a descansar.  Daniel aprovecha para desde su oficina traerme un regalo.

-Israel compadre!!! ya estas para este nivel, es un libro muy querido por mi. Ahora es tuyo y espero que para tu próxima visita a la isla, lo disfrutemos en la acción.- Y desde su mano generosa brota un exclusivo ejemplar soviético de esgrima.IMG_3828

Me llena de emocion, recibir un regalo usado, esos que fueron comprados para uno mismo, pero que al regalarlos, nos regalamos. Los auténticos regalos. #exploralo.

Al abrir el usado libro me pierdo en la dedicatoria y su deseo de mucha salud!!!

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Me meto en el prólogo y nuevamente me asombro de la creación colectiva del conocimiento  desde Moscú, Leningrado y Lvov.

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Mientras voy caminando aferrado a “mi” libro, me quedo pensando en las tardes de leche cindor con el zorro en la pantalla.

Agradezco los aprendizajes de la clandestinidad, la agudeza, el compromiso con la justicia para los mas débiles y el equilibrio para desequilibrar.

Me río recordando a mi madre y sus dichos…..hijo hasta donde llego tu niñez ?

 

¿Qué aprendiste de tus héroes de la infancia?

A mi mentor clandestino Guy William que en esta semana estaría cumpliendo años !!!

 

 

 

 

 

Dia del sobreviviente?

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“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.”

Antonio Machado

 

Ya el calor santiagueño se convierte en dueño absoluto del calendario. El sol muy temprano, hace que vuelva a dormir bajo techo, ya que la ingeniería de mi madre de poner dos palos de escoba verticales, en el extremo de la cama, oficiando de soporte para una colcha “haciendo sombra futura” y de esa manera poder dormir un rato más, ya cumplió el tiempo de gracia pues el sol golpea a pleno.1477332201124_656_369

Hoy será diferente pues esta noche, no dormiremos al aire libre, hoy pasaremos la noche en el cementerio. Hoy es 1 de noviembre el esperado dia de los muertos y en mi pueblo, se sale a poner velas en las tumbas de los que ya no están, pero sobreviven.

Todos esperamos este dia como ese acontecimiento diferente, totalmente diferente y entre mis amigos , planeamos  juntarnos en la zona de la cruz mayor, para jugar a las escondidas o a lo que salga.

Jugar en un cementerio es solamente un privilegio de niños especiales en lugares especiales. La oscuridad alumbrada da posibilidades de descubrir en la sombra, los movimientos lentos , ocultos y no tanto.

Ya bajamos del rastrojero y mis piernas se ponen ansiosas por empezar el anual raid de visitas , juegos y comidas.

Antes de entrar unas empanadas de doña Antonia, que se trasladó del viejo mercado, por esta noche solamente. Ella en impecable papel , te las da envueltas, para que no te ensucies y te puedas limpiar la boca, no hace falta que le digan que le compramos, mi madre, confía en ella, ya muchos años nos viene alimentando en esta suerte de restaurante étnico permanente. También una botellita de la gaseosa local antiimperialista Secco, acompaña el combo de santiagueñidad.

h27_20945353_500Mi padre comprando 2 cajas de velas golondrinas, esas que viene en atados de 4 y por cada caja 20 atados o sea cientos de velas, para poner a cientos de tumbas, lo más curioso es que mi familia no tiene a nadie enterrado aquí. Pero la sentencia de mi padre de todos los años es la misma.

-Me enferma que no hayan venido los hijos de Gómez- o Tan buena madre que fue doña Josefa y mira ningún familiar le puso una vela siquiera- y así sucesivamente.

-Vamos a ponerle velas a todos lo que no tengan reconozcámoslo o no- Ordenaba mi padre.

Y de esa manera empezaba el raid justiciero de mi familia , alumbrando a los olvidados. Una experiencia única de reparación histórica verdadera.

Ya la noche está cerrada y mi pueblo viviendo el misterio de la velada nocturna en el cementerio.

La cruz mayor  comunitaria está iluminada a pleno, allí se ponen velas por los difuntos que no están enterrados allí , sería como mandar una luz a distancia.

Mis ojos que todo lo quieren capturar, buscan los gestos de cada uno y me imagino a quien está rindiendo recuerdo.

La zona está repleta de cebo, que se desparrama armando raras figuras regordetas en la tierra que todo lo vuelve polvo, es como si las velas quisieran entrar en las entrañas de la mortaja tierra

Busco el monumento de Lilianita,  mi compañerita atropellada adelante mío, aquella amiguita y compañera de folclore accidentada, que me conecto por primera vez con la sensación del abandono inentendible. Esta su mama, que me abraza fuerte y llorando, siento que la está abrazando a ella y también empiezo a sentir mis lágrimas , mientras que las “golondrinas” quedan apretadas en mi mano como queriendo no dejarlas, para que Liliana vuelva, nos quedaron muchas fiestas patrias por bailar.h32_20951441

Mi padre ya encontró una familia amiga y está conversando de la vida y la muerte sentado en un panteón mientras fuma su enésimo Jockey club.

Mi madre sigue conversando con la mamá de Liliana, lo de siempre, que a los niños santos dios los lleva antes. Cada vez que escucho eso me autodiagnóstico y me conflictua entre ser muy bueno y morir o ser un poco travieso y seguir existiendo.

Este día de los muertos se piensa que será diferente, pues dos familias totalmente contrarias del pueblo, nuestros Montesco y Capuleto vernáculos tienen cuentas por saldar.  Las dos familias tienen carnicería y por ende son muy hábiles en el manejo de los cuchillos y desde siempre estuvieron peleándose, pero hace unos meses un Ibáñez mato a un Sosa y estos se las tienen jurada.descarga (1)

El panteón de los Sosa está muy concurrido y sale mucho llanto de allí , todos pasamos sin mirar con la vista, pero miramos con el cuerpo como queriendo estas más cercano de donde esta el acontecimiento del año.

 

De repente y como un malón de Sosas. salen gritando prometiendo venganza, van rumbo al panteón de los Ibáñez y nadie se quiere perder el capitulo.

Corremos de todos lados, los gritos generalizados, hay gente que se cae, velas que se apagan, botellas que se derraman, asientos que sirven de pedestales para ver mejor, todo toma una acción única.

Ya se trenzaron a trompadas varios de ellos y amenazan con gestos de sacar armas, mientras las mujeres de la familia gritan desaforadamente.

Aparecen inmediatamente la policía y con un tres tiros al aire, congelan toda la situación de una manera asombrosa. Siento mi corazón y mi mano tomando la de mi madre.

El jefe de policía Don “pelao” Martínez, con el revólver en la mano y con un solo grito poderoso dice:

-Basta , se acabó, cada uno vuelva a sus tumbas!!!!

Y todos en absoluto silencio cuál almas en pena, le hicimos caso. Y nadie se animó a reírse de semejante exhortación.

 

Y mi pueblo seguía siendo lo mejor que me paso.!!!

(Capítulo xx de mi próximo libro, “El ruido de las alas” )

 

 

 

 

Guitarra colorada.

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La aventura podrá ser loca,

pero el aventurero, para llevarla a cabo, ha de ser cuerdo.

Gilbert Chesterton

Durante las temporadas termeñas, desde Semana Santa hasta el Día del Estudiante, recalaban en el negocio de mis padres innumerables “hablantes raros” que dialogaban continuamente con mi papá.

Ante mis preguntas, me informaron que eso era “idish”. La noticia trajo nuevos interrogantes a dilucidar: ¿qué era idish?, ¿por qué hablaban ellos así, si existe el español? Esos sonidos me atraían de sobremanera y dos palabras, Bobe y Zeide, iniciaban el inventario de mi incipiente cultura políglota.IMG_1012

Uno de esos raros parlantes era una señora. Su nombre era Sofía, y su apellido,  Mar. Sofía de Mar era una visita habitual, en las temporadas turísticas y con sus atuendos brillantes atraía la atención. Vestidos plateados y/o dorados, tanto a la noche como a la siesta, era una especie de Greta Garbo polaca paseando por Santiago del Estero.

No solo sus vestidos merecen especial descripción, también sus colgantes larguísimos, hasta el hombro, con grandes piedras preciosas que se repetían en el collar estático sobre la loza de su piel. Sus caricias con uñas pintadas de rojo remarcaban las cutículas de esmalte blanco. Esas manos rojas y blancas fingían caricias sobre mí, -“un compromiso”, diría-, ya que yo era el hijo de David.IMG_1011

Doña Sofía era la cantante judía que año tras año arribaba con sus discos en idish para alegrar a la paisanada compuesta por los raros parlantes. “Directamente del productor al consumidor y por esta única oportunidad a precio de costo”, ofrecía nuevamente el “long play”… del año pasado. En casa había como media docena de ellos y, ante el asombro de mi madre por la reiterada compra, mi papá decía: “Hay que ayudarla, pobrecita”.D_Q_NP_4149-MLA2780197164_062012-X

Además, Sofía solía amenizar los baños termales con recitales vespertinos en el club judío local, el Scholem Aleijem. Y se podía cantar en idish… Lo más asombroso era que todos entendían. Eso era cosa seria. Bailaban, reían y, obviamente, la señora era más simpática en idish que en castellano.

Durante esas tertulias la bebida oficial era “tei con limene” (té con limón). ¡Bravo!, ya eran cuatro las nuevas palabras en mi inventario y se masticaba strudel de manzanas, jamás un sándwich, ni una Coca Cola. A pesar de estas carencias, se desbordaba mi asombro ante aquella isla polaca rodeada por un mar santiagueño.Belkys251009

A los fines de solventar los gastos, se remataba alguna donación procedente de un paisano rico. Sucedía entonces que el ganador volvía a donarlo y un mismo regalo pasaba de temporada en temporada. Y de paso cañazo, doña Sofía aprovechaba para vender sus discos que nunca se acababan.

Debo agradecer a la luminosa Sofía la inspiración para mí travesura artística. Gracias a ella y a la media docena de discos, aprendí la fonética del conocido tema “Hava Naguila” que se mareaba en el combinado WINCO de mi hermana Olga, mientras lo fijaba en mis neuronas flamantes. Una vez preparado y asistido por la roja guitarra plástica sin cuerdas, me lancé al estrellato.

¿Por qué yo no y Sofía, sí?

Busqué el escenario propicio. No podía ser otro. El Hotel Los Pinos, al frente de mi casa, con su gran mayoría de huéspedes judíos me pareció el lugar adecuado. Con la complicidad de Saúl, el conserje y Julito el piletero, me instalé en el pilar de entrada y ¡a cantar se ha dicho! Surgió un “Hava Naguila” abarrotado de “eses” que asantiagueñaba un idish indescifrable. Por música, solo un rasgueo plástico acompañaba la memorable canción.

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Los turistas no demoraron en rodearme entre el desconcierto y las risas. Uno sacó una moneda y la depositó en la boca del incompleto instrumento. El objetivo era cantar por las legendarias monedas de 5, 10 y 25 centavos. Lo que iba recaudando me demostraba que cantando podía lograr mis ambiciones. Esta idea comenzaba a fascinarme, al mismo tiempo que la preocupación también lo hacía, pues no había previsto un repertorio extenso y, a menos que pidieran bis, el show terminaría y con él… mis ganancias.

Mas no fue el limitado repertorio la causa de mi breve actuación, sino don David que pasaba por el frente y me clavaba sus ojos celestes -nunca los vi tan grandes- en un instante, Alejo, el empleado, vino a llevarme poco menos que de las orejas entre la risa y los aplausos de un auditorio asombrado.

Fue mi bautismo de fuego y, como si fuera poco, en el terreno de los raros parlantes.

 

¿Cuál fue tu atrevimiento que hasta hoy te sirve? #exploralo.

 

Capítulo XV de mi libro El ruido de las Alas de proxima aparicion.

 

 

 

Habitación 10.

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“¿De qué sexo es el mundo?” Mafalda

Con la coartada de un trabajo de geografía, que nos permitía volver más tarde a casa, nos encaminamos a descubrir el amor en solo ciento veinte minutos. Era la edad y los tiempos de las caricias, con besos copiados a las telenovelas de la siesta.

Las instrucciones habían sido expresadas en forma precisas:

–   EL MILAN  justo en la esquina de 24 de Setiembre y Chacabuco.

…De la biblioteca, por la misma calle, unas quince cuadras. Llegas a una placita, doblas a la derecha unos setenta metros y allí está el Hotel Milán, el lugar de la iniciación.

La caminata estuvo caracterizada más por el miedo que por el frenesí. La charla, puramente colegial: “Mañana hay prueba de Contabilidad”; “¡Qué difícil es el ejercicio de interés sobre saldo!”; “La profesora de Geografía es una tarada” y etc., etc., etc..

Por lo general, todos iban al lugar en auto pero nosotros no teníamos vehículo, ni siquiera manejar sabíamos.unnamed (1)

Y entre diálogos escolares y pasos nerviosos, llegamos al lugar de los hechos, donde la conversación inmediatamente se concentró en la estrategia del abordaje al lugar:

-Caminemos cerca de la puerta y entremos de costado.

– No, mejor entra vos solo, adelante. Me decía ella.

– ¿Y si entramos por el garaje?

Finalmente, al mejor estilo 007, ingresamos ensayando nuestra mejor representación de expertos en esas lides.

Desde una ventana que deja pasar solo una mano, previo pago con los ahorros, aparece una llave con un colgante acrílico que anuncia el número “10”. Sin duda, la visa para el acontecimiento que pronosticaba sería de diez.

Ahora nos enfrentabamos a un nuevo problema: ¿cómo llegábamos a la habitación número 10?, ¿cuál era el pasillo exacto? Además, imposible hacer preguntas, éramos casi niños… ¡Qué vergüenza! Urgía encontrar nuestro destino, pues corrían los minutos y quedaban sólo… ciento diecisiete. Al final la intuición nos llevó por el desfiladero correcto. Un 10 pegado a una puerta aportaba realidad absoluta a las imágenes solitarias. La llave no entraba, hasta que un “clik-clak” nos abrió el camino rumbo a una alfombra que nos llevaba a una cama grandísima, impecablemente preparada, con cubrecama rojo y almohadas blancas, blanquísimas.

Una música de Fausto Papetti y la luz muy tenue hacían lo demás.

Tuve un gran sobresalto al creer que había otro en la habitación. Pero logré calmarme cuando descubrí un espejo amurado en la pared.

Desde la puerta, ella aguardaba que yo terminara la inspección. Con un gesto de mi mano le transmití que no había nada que temer y que viniera.

Se acercó lentamente. Y yo, con rapidez, comencé la novela de las 16 hs.

Un vestido de cloque rosa con ribetes blancos contenía aquel cuerpo bondadoso en senos y glúteos, mientras que su cintura se estremecía ante la caída de la primera prenda oculta, su  pelo quedó liberado al mismo tiempo que mi zapatilla Topper derecha sacaba a la izquierda acordonada y mi Wrangler convertido en  un “bollo” sobre la alfombra se retorcia de emoción.

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Sus manos en mis botones y las mías sobre los suyos hacían intercambio de función. Mientras tanto, la cama seguía intacta. Nos deseamos y la desnudez invitó al tacto que selló un beso casi en el aire. De allí, al flamante cubrecama que dejaba de serlo.

 A tres pasos, que parecían eternos, caímos en un mar donde los brazos hacían de olas y los cuerpos, en loco carrusel, danzaban por el vacío que imponía el océano de dos plazas.

Unidos en un solo cuerpo para tanta sábana, la esperma urgente y el pubis angelical, nos transportamos en un vuelo apasionante, circuncidamos el aire de la “10”.

Luego, sin mirarnos, bajamos planeando el mar blanco de las sábanas que cobijó nuestra pasión y que fue cómplice del vuelo inaugural. En silencioso diálogo interior, nos confesamos al intruso espejo del techo nuestra apasionante travesura de atravesar el alma con amor sublime.   blankets viñeta

Un oportuno: “Te quiero” madrugó una idéntica intención, un inmediato y balbuceante, “Yo también”, dejo mudo a las palabras mientras sus manos se aferraban a las mías sabiendo que en poco tiempo el exilio sucedería y tal vez nunca más nos volveríamos a encontrar.

Y las alas seguían creciendo.

…. ¿Qué aprendiste de aquella vez que fuiste cuando fueron?

………… Capítulo 20 adelanto de mi libro “El ruido de las alas.”

Me acordé de usted !!!

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Los que saben no hablan, los que hablan no saben.El sabio enseña con sus actos, no con sus palabras” Lao Tse

Jugar era todo un ejercicio. Desde el fútbol a las bolitas, pasando por completar el álbum de figuritas.

Recuerdo la búsqueda de la “difícil”, aquella que nunca salía. Este año, “la tarántula”, la número 66, era casi imposible de conseguir. Esta dejaba una pila de álbumes incompletos y por lo tanto frustraba la llegada al premio mayor: una lustrosa pelota número cinco de cuero en tajadas blanco y negro. Solíamos ir a los barrios vecinos para admirarla y envidiar al suertudo que la había conseguido.

¡Una tarántula llegó a cotizarse cien figuritas! Las bolitas tienen otro encanto. Buscábamos la parte del baldío más pareja y con una aplanadita de la “Pampero”, suela de goma, procedíamos a alisar algún desnivel. Luego, con un palito se dibujaba un triángulo y dentro de este era preciso colocar un puñado de bolitas. A siete pasos de allí, una raya imponía el límite de la puntería. Desde ese lugar tirábamos para sacar del triángulo la mayor cantidad posible e incrementar la colección, lisas, transparentes, multicolores, chicas, grandes, todas las bolitas servían, pero siempre había una que era la preferida para hacer puntería, la que traía suerte y nunca se apostaba.

Para comprar bolitas, ningún surtido superaba al del almacén de don Maraca. Se amontonaban en un frasco de mayonesa Hellmann’s de cinco kilos, al lado de la caja registradora, y te quitaban los vueltos.

¿La pilladita? Esa sí que te hacía correr, saltar, disparar. No había que dejar que el “pillador” te tocara. “¡Dale, rusito, corré que te agarran!”, avisaba en la vereda don Honorio, siempre apoyado en el viejo paraíso, robando aire para sus bronquios sedientos, vestido con su camisaco blanco, los pantalones con botamanga y unos lustrosos de cordones que no lograban disimular su arqueada parada.

El “basta de juegos” era anunciado por el apagón del letrero de la fábrica de papá. Justo a las nueve. En ese momento había que regresar. Se  veía desde lejos el neón anunciante de alfajores , más o menos a trescientos metros del lugar donde nos reunimos con la barra.

Volvía entonces bastante transpirado ya que las bolitas, las pilladitas o las escondidas no daban tregua.

Al llegar, esa noche muchos autos estaban en casa. “Seguro, una reunión de papá”, pensé. Y, efectivamente, en el living, había servido vino añejo de la bodega del sótano, fiambre estacionado, queso en daditos, berenjenas en escabeche, rodajas de matambre casero (ese que tiene mucho huevo), pan cortado y otras cosas hacían que los escarbadientes que se cruzaban cual  competencia de esgrima.

Yo conocía a todos los presentes, menos a un viejito que nunca lo había visto.

-Vení a saludar a don Arturo-, decía papá, mientras mamá traía desde la cocina una bandeja de platitos.

-Mi hijo, el menor-, dijo, al mismo tiempo que me presentaba al desconocido. Me acerqué y con un beso ligero, para que no notaran mis horas de correrías, musité:

“Buenas noches, señor”. Sentía que era alguien importante. Tal vez un gerente de banco o algún inspector que estaría tomándose unos baños por acá. El viejito respondió con un beso y unas caricias de abuelo sin nieto. Su pelo, totalmente blanco, tenía los laterales muy cortados, casi al ras, su nariz era carnosa con lunares grandes y los ojos escondidos que parecían decir: –“Y bueno, ya pasará”. Lucía traje príncipe de Gales con chaleco, que delataba uso intensivo por sus bordes serpenteados o por la… poca plancha. La camisa blanca, prendida de arriba abajo, sin corbata. Parecía vivir el silencio pero, al usar la palabra, en cortas intervenciones, los demás callaban y aún esperaban un poco después que terminaba, por las dudas acotara algo más.

Me esfumé lentamente, ya que los niños no deben escuchar conversaciones de grandes. Según los mayores, quienes creen estar capacitados para escuchar todo.

Cuando el señor “Don Arturo” se estaba por retirar, todos fuimos a saludarlo. Hasta Asunción, la cocinera, se apuró a limpiar sus manos en el delantal y extenderlas con timidez. Me acerqué y recibí otro beso con caricia que me despeinaba, con su mano izquierda, al mismo tiempo con la mano derecha sacaba del gastado chaleco un caramelo “media hora” que me dio como un premio.

Algunas mañanas Don Arturo pasaba por nuestra fábrica, retiraba UN alfajor y seguía las solitarias caminatas con sus manos atrás

El conocimiento de la vida me hizo descubrir, más tarde, qué importante era SER Presidente de la Nación y allí aclaré mi vieja intriga.

Aquel viejito de chaleco usado, el que me regaló un “media hora”, era sencillamente Don Arturo Humberto Illia.

Este es el capítulo VII  de mi próximo libro “El ruido de las Alas” lo comparto  después de una experiencia de hace unos días a la casa que Don Arturo dignifico.

¿ Tu persona es más que el rol que desempeñas ? #exploralo.