«Los visionarios no se entibian nunca. Sus sus vidas son fé en acción»
Jose Ingenieros
¿En qué creían los que creaban?… Vengo buscando esta respuesta al corazón donde latió, una Argentina que pudo ser y no fue.
Estoy nuevamente en las entrañas perdidas de mi Santiago del Estero querido.#exploralo.

El nació en Ucrania, en 1866 emigró como peón rural a Moisés Ville y con 25 años en busca de prosperar, se vino a este lugar, denominado paraje EL BRAVO, por la ferocidad de los pumas del monte.
Este audaz emprendedor fue Don Israel Benjamín Weisburd que luego de un proceso laborioso junto a una sabia inteligencia contextual y en un espacio temporal, pudo ver que desde este monte, se podía extraer riqueza sin destruirlo y generar prosperidad comunitaria.
El ucraniano-santiagueño en 1941, luego de trabajar en el monte y conocer la cultura regional, inaugura la fábrica de tanino más emblemática de la historia económico social americana.
El predio -solamente- tenía 1 hectárea, donde miles y miles de ladrillos vista revestían el búnker vanguardista, techos de zinc de alta calidad, maderas especiales, una chimenea emblemática de gran altura desde donde no paraba de salir la señal de producción.
Aquí se trabajó durante 12 años todo el dia y todos los días, en turnos rotativos más de 4000 obreros que producían tanino para exportarlo a: Japón, USA Y Europa.
Don Israel Benjamin no sólo era un incansable industrial también un humanista sin par.
Se cuenta que no tenía escritorio y cada vez que se lo entrevistaba era caminando, siempre aprovechaba para decir su lema…Cuando se une la voluntad, la inteligencia y la perseverancia los logros suceden pero tiene que estar mínimamente estos tres y siempre enmarcado en valores y principios.
Construyó un ecosistema único, que hasta el dia de hoy, ningún empresario pudo superar en un monte supuestamente improductivo. Diseñó e implementó una comunidad alrededor de un emprendimiento de avanzada para la época.
El auge de la fábrica hizo que se construyeran más de 17 escuelas zonales, un hospital modelo, un cine para recreación y cultura, pista de aviación en pleno quebrachales.
Don Israel Benjamin quería erradicar los ranchos de adobe, principal guarida de las vinchucas, vector de enfermedad mortal, para ello implementó un plan de viviendas con casas modernas de alto confort y techos de tejas al mejor estilo del momento.Los empleados todos podían acceder a vivienda propia, luz y agua de red. También aves de corral para generar sus propias quintas.
Sabia que el ferrocarril generaba conectividad, incidio directamente para que el ramal pase por el «ya pueblo» generando un movimiento único en la zona, que empezaba a ser un oasis en tanta pobreza y miseria regional.
Don Benjamín Israel era un hombre de fe y consideraba que …el que no cree en nada termina creyendo en cualquier cosa. Por ello fue el mentor y propulsor- siendo judío profesante- para el establecimiento de la primera Iglesia Católica… no se cansaba de repetir.. No quiero un pueblo sin fe.
Las funciones de cine del domingo era una peregrinación de parroquianos que con sus sillas hogareñas, se ubicaban a ver la película de la semana. Tanto era la afición al cine que hasta una película se rodó aquí., la emblemática MALAMBO de 1942 con la primera actriz Delia Garces.

Don Israel sabía que el football era una actividad emocionante para la cultura local, lo incentivo y hasta hoy sigue el Club Atlético Weisburd.
Todo marchaba sobre el plan maestro, una demanda poderosa de tanino y el desarrollo de vías férreas a nivel mundial, le daba a la zona y a la visión emprendedora empresarial una ventaja competitiva única. Pero, apareció un monopolio “La Forestal” que los fue ahorcando con poder económico e influencias.
Don Benjamín Israel enfermo y murió en 1952 y… se aceleró la hecatombe. Fueron infructuosas las acciones. La Forestal termino comprando y desmantelando la fábrica, el tanino ya no se exportó más, los durmientes de quebracho fueron suplantados por madera asiática con mano de obra en remate y el monte santiagueño languidecía agónicamente.

Se intentó seguir con los proyectos que había dejado esbozado el visionario Don Israel Benjamín Weisburd, él sabía que había que industrializar lo máximo que se podía para contener el proyecto, generó la primera industria carboquímica procesando chamizas del monte y produciendo carbón briqueta, alcohol etílico, acetona, alquitrán y un primer biocombustible para aviones y aceites. Nada de esto prosperó y como una alquimia al revés el pueblo empezó un retroceso que parece no tener fin.

Sigo entrando al pueblo WEISBURD, siento ansiedad y angustia en este periplo que estoy haciendo a pueblos en pleno retroceso de nuestra historia emprendedora.
Hoy, aquí se festeja el dia de la fundación, hay mucha gente, pero no llegan ni a un 10 % de los que vivían en aquellas gloriosas épocas. #exploralo
La tierra se arremolina alrededor de todos, están familiares de Don Israel Benjamin en primera fila vinieron de lejos al festejo.
Los niños cantan poemas de la prosperidad que se murió. La banda de música entrevera marchas patrióticas y chacareras. Los pies desnudos de los chicos ensayan un malambo en la tierra curtida que curte talones como el tanino lo hacía con los cueros.

A los metros una camiseta impecable del equipo local viste a un hincha como diciendo… sobrevivió el club a la fábrica.
Siento a mi espalda como una gran sombra, me doy vuelta y la fábrica abandonada en un susurro de mujer violentada me llama a visitarla. No aguanto mas, dejo el festejo de la nada, caminó dos cuadras y ya en el portón, respiro hondo… voy a ingresar al país que pudimos ser y no fue.

Las gallinas y los chanchos se apoderaron del lugar, significativa metáfora… en todo abandono hay cobardía y auto desmerecimiento.
La fábrica impone silencio, meterse en sus entrañas es un acto de autopsia. Las maquinarias con telarañas, las escaleras mutiladas no elevan a ningún lugar, las paredes descascaradas, tornos con acta de nacimiento europeo y de defunción nacional, una sala de repuestos que todavía está repleta de bujes que parece decir úsame estoy para reparar. No hay nadie que conteste la invitación. Me dicen que no saben qué hacer con todo esos tornillos, me «regalan» uno, con gusto lo tomó ya que estará en mi escritorio, para recordarme que siempre hay que tener repuestos para usarlos y que la maquinaria de emprender no se detenga nunca.
Me meto más adentro en el monte interior que ya invade el galpón principal. Desde un agujero en el techo por una chapa que no está, puede verla a ELLA, a la extraordinaria, a la esbelta, al símbolo de la producción. Sigue erguida, orgullosa de quien fue y que representó. En lo más alto de ELLA se nota que esta herida, a aunque sigue parada…está herida. Me quedo largo rato mirándola no se como como curarla. Me lleno de impotencia.

Recuerdo a mi gran amigo el dramaturgo Raúl Dargoltz que con su obra Hacha Y Quebracho hizo conocer esta batalla en cientos de escenarios mundiales. Raúl me decía hace 20 años.
- Isra Weisburd es la historia de lo que pudimos ser y no fuimos, historia que si no aprendemos la volveremos a repetir, extractivismo sin industrialización es pobreza asegurada.
Me retumban las palabras de Don David Cinman cuando se fundió en su industria y decía casi balbuciente de dolor ante el inminente remate de su sueño fabril… Hay que seguir, este país, nuestra argentina, aunque yo sea inmigrante es el país de insistir y nunca desistir.
Me despido de ELLA sabiendo que volveré.
Medito unas palabras de duelo por Don Israel Benjamin, por mi amigo Raul y mi padre David, tres que creyeron que nos merecíamos mucho más y arriesgaron todo y que la verdadera prosperidad es compartida para ser evolutiva.
¿ Y vos en que estas creyendo para crear?
¿ Que ecosistema de dignidad compartida estás generando?
Espero tu comentario me gustaría saberlo para apoyar y que me apoyes…










Replica a Lilian Flores. Arquitecta y Creativa. Cancelar la respuesta