El odio es un borracho al fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la misma bebida.
Charles Baudelaire.
EL ODIO, ESE AMOR QUE NO PUEDE HACER CONTACTO.El amor como el odio, forman parte de una misma red neuronal donde se exacerban comportamientos pasionales sin parangón. Allí en el mismísimo centro del cerebro, en el putamen y la ínsula se “cocinan” habilitaciones emocionales dignas de entender para entender.
No es ninguna casualidad que tanto el odio como el amor compartan la misma red neuronal. En esa red, la irracionalidad las encuentra jugando a las escondidas y en formas camaleónicas se confunden.
No es una casualidad que en la obra ROMEO Y JULIETA – el gran himno al amor- hayan existido 6 muertes terriblemente dolorosas, en un puñado de días. El amor como el odio también comparten la impetuosidad de la velocidad y de lo exponencial.

«El hecho de que las zonas del putamen y la ínsula también se activen por el amor romántico y por el odio visceral no es sorprendente, ya que ambas pasiones pueden conllevar actos irracionales «, explica el neurocientífico Semir Zeki.
Pero existe una diferencia que cambia casi todo…con el amor se desactivan partes de los juicios/razonamientos y hacen que los filtros perceptivos impregnen de rosa, casi todo, mientras que en el sujeto que odia, no suele perder el juicio es más lo exacerba y se especializa, para generar un plan que dañe al odiado.
Y cuanto sea más grande el odio y logre resultados, generara la peor de las enfermedades…el placer de odiar. #exploralo.
El odio tiene un circuito implacable de retroalimentación, odiar necesita respuesta para alimentarse, precisa resistencia para sobrevivir, anhela público para mostrarse, es una especie de neurosis histérica. Seria bueno investigar a los odiadores seriales como esta la abstinencia sexual.

El «odiador» odia lo que el otro tiene y que para él es esquivo. Es común en la política odiar las popularidades conseguidas y generar un cúmulo de “razonamientos” que sostienen al odio. #exploralo
El «odiador», al no poder lograr, lo que su odiado logro y no poder destruirlo, desea visceralmente que el poseedor de eso lo pierda. El «odiador» está enfermo de escasez.
El odiador carga una bolsa de resentimiento, esa emocion del esclavo (a los dichos de Nietzche).
Es el odio, el nido de una inferioridad subyacente.

El «odiador» se cree centro de mesa y abraza una manía persecutoria paranoica de manual. Es común verlos en caravanas, defendiendo abstracciones imposibles de comprobar fehacientemente.
El desclasado odia, porque se siente perseguido de su pasado de origen y de su aversión fobica al posible regreso, entonces racionaliza su temor apoyando a quien le “asegura” un no retorno a su origen, eso sí, con una inversión de esfuerzo para permanecer en nueva liga que, a su vez, nunca pertenecerá íntegramente.
El amor, está más alineado a amar UNA persona, mientras el odio, en su fermentar, habilita a odiar a grandes cantidades de seres. Se empieza por uno y se termina al por mayor. Los genocidios son ejemplo, es por ello que parar el odio es en defensa de la humanidad toda, incluyendo a los odiadores.
Cómo lo hacemos?…. da para otra columna.
¿Cual es tu plan para detener los odios?

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