«El mundo nos rompe a todos… despues solo algunos son fuertes en los lugares rotos.«
Ernest Hemingway.
Que intrigante dolor.
Cuando se muere un canchero, se muere el custodio del escenario más popular del más popular de los deportes del planeta. Es algo serio… la pelota se detiene en un césped que se ahoga, ahora en lágrimas por el suspendido riego, el arco tirita sollozando ante una tribuna en solemne minuto de silencio, por las décadas de euforia que fuiste testigo protagónico. La red se parte al medio en jirones y el túnel que te especializaste en inflar, ahora se hincha con los hinchas, abriendo un camino a tu eternidad, vas solo, pero con el grito que condensa la pasión de millones de gargantas que escuchaste y hoy atragantadas no encuentran explicación. Con vos me entero que los cancheros también se mueren.
Murió Luis mi querido amigo canchero.

Un ser de utopías concretas. El último desobediente y militante de la desobediencia, un ser imposible de encuadrar, un gambeteador de la vida.
Isra Israel , así me llamaba, pues decía que me achicaba al pedo.
-Isra Israel, nací en una familia con muchos problemas y mucha violencia, recuerdo cuando los adultos me decían que me pegaran al otro dia por algo que había hecho, yo me dormía pensando que al amanecer, antes de irse a trabajar me pegaria, eran noches frías y de llantos adelantados, el amanecer solo me daba miedo.
–Todo cambio cuando un tío judío me sacó de aquel calvario, me fui a vivir con el tío Jacobo y mi tia. Yo le debo un montón a los paisanos, el me dio todo lo que nunca ni soñé tener, ropa digna, comida caliente y mucha educación.
-Vos Sabes Isra Israel; él era vendedor y cuando se iba a trabajar me dejaba libros para que lea y a su regreso conversábamos sobre ese tema, era una aventura única, yo esperaba con ansias su vuelta a mi nueva casa, esa espera sano la otra espera, la de los amaneceres de golpes.
Luis un auténtico esperador de buenos y mejores tiempos.

En su búnker, debajo de la tribuna al ladito de la biblioteca, tomábamos unos mates. Allí jugábamos al mejor de los juegos. Conversar en tres variables.
… 1. Preguntas débiles y respuestas fuertes.
… 2. Preguntas fuertes y respuestas débiles.
… 3. Preguntas fuertes y respuestas fuertes.
El nunca se enteró que era un juego, pues le salía automáticamente, era un conversador serial disruptivo. En plena conversación podía sacar una canilla vieja o una moneda de China, una anécdota del cordobazo o la ingeniería de hacer choripan estilo pirata. Compartir fue siempre un recorrido borgiano que se confundía con Borges o los Borgia.
Luis un maestro en hacerse el pelotudo cuando la ocasión lo ameritaba o sea …siempre. Un maestro en el arte de la desdramatización que aprendió en defensa propia.
-Isra Israel, vos sabes que cuando hay quilombo y viene alguna “autoridad” – mientras que con sus dedos resistentes a la dieta, se señalaba las jinetas en el hombro- lo mejor es decir…
-Ahhh yo no sé nada, cuando llegué ya estaba asi!!!
Esa fue la frase que inmediatamente acompañaba el saludo inicial de nuestros encuentros , ese código secreto de nuestro vínculo, hoy develo con su partida. Ya no podré decirlo contigo, pero si en mi irresponsabilidades generativas para darle vacaciones a la culpa.
-Luis me voy de viaje un tiempito. Le comente una vez.
-A donde te vay ahora?
-A Israel
-Nooooooooooo
– Isra Israel. necesito que me hagas un favor, por favor. -Poniendo sus manos como creyente fiel.
– Si por supuesto que queres ?
– NECESITO que pongas en el muro de los lamentos de Jerusalem dos pedidos, ya mismo los escribo.
A esta altura de la conversacion ya Luis para mi estaba a la diestra y siniestra del mismisimo Ben Gurion, Golda Meir o Moshe Dayan.
En cinco pasos nos fuimos al bunker, sacó uno de sus tantos cuadernos donde despuntaba su vicio de decidor y escribió de puño y letra, en una hoja de nada más ni nada menos que de la AFA, sus sagrados pedidos.
Esos pedidos los sintetizaban, el poder de su resiliencia… reconocer y recuperar su mejor pasado de sobreviviente con un gracias y visionar un futuro merecedor colectivo. Solos los resilientes son inmortales . Ese reconocimiento al tío Jacobo y ese anhelo de ascender fueron los mejores papelitos que puse en mi vida en el muro de Jerusalem.
Luis -no puede poner fué- obrero de la esperanza, mi amigo que asociaba a la desesperanza con la deslealtad.#exploralo.
Que momentos aquellos cuando me dijiste en aquella “cálida” asamblea donde las sillas estaban a punto de ser proyectiles. Que teníamos que resistir y hasta un plan tenias.
En el épico Luis ser paloma y halcón está en el menú. Y en las mismas proporciones. Dialogar o pararse de manos ante cualquier tropelía estaba a un paso.
Luis Como gastaste la vida!!! desenmarcandote de la domesticación siempre.
Tu optimismo militante, cuidando la comunidad, dando tu contribución al colectivo, ejercitando la pasión tan fuera de moda en estas épocas de preguntas trascendentes y de respuestas coyunturales.
Si nos volvemos a encontrar estas entre los diez que quiero en el equipo.
Hasta la victoria siempre culiao!!!
En homenaje a la amistad que te eleva y para reconocer a los custodios de los lugares donde se juega la vida.
¿ Quien es o fue tu “canchero”? Ese o esa que preparaba el lugar y las cosas para que puedas meter “goles”.
A traves de “mi “ canchero Luis, a todxs los que no se los encontrara en un libro de liderazgo, porque el rubro les queda chico.







































