La fuga

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“En la siesta y en el juego, se conoce al caballero.” Refrán Español.

EN ESOS ENEROS DE FUEGO, el sol transpira de calor, en el perezoso transcurrir del año santiagueño.

El viento se ha quedado en el lejano Agosto y mejor que no venga ahora ya que su visita nos llenara de polvo y mucho más calor, las lluvias ni siquiera alcanzan para los barquitos del diario que naufragan sin salir del muelle de asfalto del cordón.

En ese paisaje, reinan los silencios, absolutamente nada se mueve, es como si el calor congelara la humanidad.

Solo se mueven y con un estilo especial nuestros dinosaurios telúricos, las lagartijas que con una velocidad única rozan el suelo con sus patas voladoras casi sin tocar la pacha mama hirviente.

Ellas se camuflan como zunchos y ramas, esperando agazapadas el momento para recorrer otro trecho rumbo a alguna humedad sobreviviente.

Ellas mis lagartijas esmeraldas, las reinas de la siesta estivales y misteriosas escondidas del invierno, las miro y en silencio les pregunto… ¿A dónde se meten en julio?, solo me miran y con sus ojos en movimiento parecen decirme…Nunca lo sabrás Israelito.

Dice mi madre que para cruzar la ruta 9, se ponen “pancutan” en las manos y yo que le creo todo, sigo acrecentando mi admiración por semejante inteligencia.

Las lagartijas tienen la libertad que querían y mi envidia asegurada.

Los mayores se ocupan de lo único que les queda por hacer…dormir ayudados por el falso aire de un ventilador con un trapo húmedo, que a su vez se secaba casi inmediatamente. Ese era otro juego dormirse antes que el trapo se seque o que se corte la luz, que se empecinaba a dejarte huérfano apenas podía.

Y nosotros los chicos, lo que teníamos éxito en escaparnos para recorrer las calles con nadie en búsqueda de otro fugitivo exitoso. ¡¡¡Cuando se lo encuentra …que felicidad!!!, ya somos dos para hacer…nada excepto buscar una sombra o imaginarla.

Huir del dormir de mamá era la Ilíada y la Odisea… juntas.

Doña Ana con un …Bueno a dormir la siesta!!! Marcaba el final del almuerzo y el principio del operativo “Fuga Siestera”.

Ella se ubicaba en la cama de al lado, con alguna revista Nocturno ( nunca entendí porque leía nocturno a la siesta) otra pregunta que no me animaba a preguntar solo a imaginar respuesta. Si no había una Nocturno apelaba a otro semanario Intervalo, este me parecía más congruente con el momento, estas fotonovelas de moda era para mi como las aventuras de Isidoro Cañones pero con fotos, todo un adelanto exclusivo para los adultos.

Cuando las hojeaba y las ojeaba me intrigaban las caras de la actrices, lloraban y lloraban, corriéndose el rímel que se secaban con la puntita del pañuelo sobre una mejilla chorreada de lágrimas negras.

En el mismo recuadro foto novelesco, un galán daba la espalda con gesto inmutable y ceño fruncido mientras que en su mano una valija se escapaba con él.

Dos hojas más adelante mágicamente los dos actores se confunden en un beso interminable, que duraba todo lo que te detuvieras a mirar, era una fotonovela, claro.

Pareciera que decían…Todo fue en mentirita.

Las fotonovelas me entrenaban a una vida que no entendía, acompañado por la conjugación de los verbos modelos Amar, temer partir, que anunciaban que el amor era miedo y escape.

El primer paso del plan Fuga Siestera, era hacerse el dormido, antes que mamá llegara a su sueño, ella no demoraba mucho y menos si corroboraba que yo estaba dormido. Su primer ronquido daba la bienvenida a otro inmediato.

Desde allí salir de la cama, vestirse y llegar a la puerta era un proceso que exigía una agudeza Suiza.

El salto era fundamental pues el elástico metálico de la cama avisaba todo los movimientos había que despegarse de la cama de al manera que un solo ruido acompañará la acción y que a los oídos de la carcelera llegara como si me estaría dando vuelta en sueños, este salto era fundamental, no obstante, el aterrizaje debía ser pensado con máxima prevención, pues aterrizar descalzo hacia un sonido sumamente delator e inconfundible por ello había que dejar algo en el suelo que amortigüe y calle el aterrizaje en la baldosa delatora.

Logrado esta parte, calzarse la “flecha” que quedaron anudadas de “casualidad” manifiesta.

Siempre había que tener la mirada fija en las pestañas de Doña Ana y ante el mínimo movimiento de apertura, había que lanzarse nuevamente a la triste cama y volver al paso uno del plan…nunca rendirse. El que se rinde nunca gana el que gana nunca se rinde.

Si todo marcha alineado, al plan, ya estamos al lado de la puerta del dormitorio y comenzaba el paso tres.

Esta parte es la mas difícil y decisiva de la Fuga, era imprescindible poner aceite “Cocinero” a las bisagras siempre para ahogar el grito metálico que frustrara absolutamente todo.

Alerta, alerta me decía en mi diálogo interno parafraseando al implacable “Santo” el detective de la tele.

Ya a esta altura la adrenalina tomaba un estilo cinematográfico; mientras la mano derecha aprisionaba el picaporte, la palma izquierda apoyada suave pero firme sobre el cuerpo de la puerta para regular la velocidad de la apertura, siempre mirando las pestañas de mamá, ya que el roncar no era certificado de sueño profundo.

Y así controlando la respiración se abría la promesa de la siesta calcinante.

Ahora falta cerrar la puerta desde afuera con las mismísimas precauciones que al abrirla.

Toda fuga se merece una coartada por si el resultado es negativo o fracasa el plan a esta instancia. Si mamá se despertaba ya se escuchaba un estridente grito que despertaba hasta a los muertos con un…A dónde vas? Vení a dormir que hace un calor terrible.

Ante ese acoso un…Iba al baño mami, ya vuelvo a dormir. Daba por terminado el plan, ganando mamá, en caso contrario el éxito se festejaba afuera… Haciendo Nada pero una nada llena del todo ese todo hijo de la rebeldía llamado….libertad.

….La libertad se pide o la libertad se toma? #exploralo.

Capitulo XX de mi libro El Ruido de las alas…pronto estará terminado.

#quefierodebeserNOSERsantiagueño.

Desde el aula…

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Siempre que enseñes

enseña a dudar de lo

que enseñes.

Ortega y Gasset

Dos puertas grises, tipo placar, se extendían desde el zócalo hasta el techo y daban la bienvenida al zoológico del aula. Cinco pedazos de madera oficiaban de estantes, donde se podía encontrar artículos inconcebibles.

Desde cascabeles, ratas, arañas, murciélagos y aún el fémur de un diaguita.

Frascos variados fueron convertidos en exhibidores de especies. Los preferidos eran los de mayonesa, por la forma y sus diferentes capacidades. Las botellitas de remedio también se adaptan, especialmente para los insectos. Eso sí, las de color oscuro se utilizaban para “pillarlos”, después había que pasarlos a las de vidrio transparente. Los que no servían eran los frascos tipo vaso de dulce de leche “Chelita”. Estos eran buenos para tomar granadina. Aunque las madres ni locas hubieran dejado llevarlos para las travesuras de la fauna propia.

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Mesa armada con tablones del escenario.                 Materia ARREGLARSE.

 

 

Para armar la exposición permanente, era necesario conseguir un poco de alcohol, unos cuantos recipientes y unos rótulos, esos que se pegan solos, sin engrudo, los color blanco con ribetes redondeados y cuatro líneas para que no te salga chueca la descripción.

Cuando se capturaba un ejemplar ,iba al frasco; bastaba un poco de alcohol, luego se tapaba bien y se rotulaba. El maestro dirigía la clasificación. Se debe escribir en este orden: Nombre común, nombre científico, quién es el cazador, cuándo y dónde fue capturado.

Con estas directivas, él nos colocaba en otra dimensión… la más atractiva. Y así observábamos: Lagartija (pleuru de los waltli), Domingo Sepúlveda, tres y media de la tarde, en el patio de mi casa”. O Sapo (discoglossuspictus), Alberto Galván, ocho y veinte de la noche, en la vereda de doña Pila”.

Hasta Darwin se hubiera maravillado frente a esta clasificación.

Junto a estos animalitos de Dios se ubicaban en el armario del aula distintos objetos, a saber: registros, libros, la pelota número cinco de los recreos, cuadros de próceres que se iban poniendo arriba del pizarrón según el mes. Estos, a su vez servían como blanco de los dardos de aguja y plastilina. El de Cornelio Saavedra era el preferido, pues la cantidad de botones de su chaqueta permitían elegir previamente en cuál de ellos haríamos centro.

Las escarapelas  se usaban y al terminar el desfile patrio retornaban al costurero forrado con papel araña azul, el que estaba al lado del “Alacrán (etruroidesnoxius), Rosa Núñez y mi hermano, dos y cuarto, cerquita del aljibe”.

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Materia RECITADO

 

En el segundo estante habían platos, cubiertos tazas, todos bien acomodados que esperaban por un locro pulsudo o un mate cocido caliente. Este lugar era la parte gastronómica del zoológico.

Un chanchito de yeso con jardinero rojo, remera a rayas y gorra pochito representaba el papel de alcancía del aula. “Lo que juntemos durante el año será invertido en un viaje”. Al final, lo recaudado en la abultada panza  nunca alcanzo para llevarnos a más de veinte cuadras de la escuela. Por lo tanto, este año nuevamente tendríamos que visitar el dique, ya conocido de memoria.

Sobre la cara interior de la puerta izquierda, casi a la altura del estante de arriba, un clavo sujetaba la percha de madera que sostenía un guardapolvo reluciente y almidonado, el hábito de Bernardino Orellana, mi maestro poeta.

Tenía los bigotes gruesos, entrecanos y prolijos, el índice de su mano derecha amarillo por la nicotina de los cigarrillos negros, los Imparciales 30, el nudo gordo de la corbata le ajustaba la camisa lavilisto celeste. La línea del pantalón impecable, perfecta, una “Guillette”.

Un “Buenos días, alumnos” era contestado con otro: “Buenos días, señor maestro” todos de pie. E inmediatamente comenzaba la intriga. Nunca se sabía si empezaba con Lengua, Aritmética, Geografía, o… tareas para el hogar. Las clases de disección  podían ser minutos antes del almuerzo. Seguramente esta intriga se obedecía a una estrategia pedagógica que solo él podía manejar. El objetivo era mantenerse atento al desenvolvimiento de los sucesos.

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Inolvidable la visita a las parturientas en el dia de la madre. Materia SOLIDARIDAD.

Para los apodos, nadie como él. Solía preferir el quechua y hacía de ello una verdadera introducción a la lengua nativa. De esta manera: chasquinchuia (chueco), atulo (tonto), koñalo (mocoso), guatudo (panzón), aumentaban nuestro léxico.

El bautismo en quechua no era propiedad exclusiva para los alumnos, también las maestras tenían su identificación telúrica , que manteníamos en  secreto. Por ejemplo, la gorda gritona de sexto grado fue ungida por un sikila (culona) que festejabamos al mirarnos en un silencio cómplice, frente a su paso redoblado que hacía tiritar las costuras del delantal.

El maestro enseñaba con los retos. Había que tener preparado el “mataburros” (el diccionario Larousse), pues como penitencia ante nuestras travesuras era preciso buscar el significado de ciertas palabras (alcornoque, zopenco, prosaico, o jumento) y anotar prolijamente en nuestro cuadernos “Tamborcito” de 8 hojas.

Entre quechua y español, mi escuelita del Alto se convertía en un centro bilingüe.

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Materia EQUIPO FOLCLÓRICO

Los censos que don Bernardino inventaba eran excusas para llevarnos a pedalear por el monte. A los del campo les preguntaba lo habido y por haber nunca escribía nada, pero retornábamos llenos de tortillas, arrope, tunas y otros manjares de tierra adentro.

Entre pedaleo y pedaleo, solíamos tararear chacareras o contar leyendas y,  ¿por qué no? A veces una parada repentina servía para pillar alguna “langosta (chaerodescansellata), Israel Cinman, seis de la tarde, censando en el monte”.

Los censos, ¡simplemente una expedición!

¿Y las visitas domiciliarias? Nuevamente en las dos ruedas, a los ranchos.

Evoco las palabras del maestro ante un auditorio en silencioso respeto.

“¿Por qué la manda a la María tan mapala (sucia)?”, “Dele aunque sea un pedazo de bombacha vieja al Américo para que se limpie la koña (moco)”, “No la siga haciendo cagar a la patrona que los changos me cuentan todo”, “Tengan cuidado con la vinchuca…”, y seguía el rosario. Después de esto menudeaban los verdes, acompañados por empanadillas o rosquetes. Desde allí, a otra casa para decir lo mismo: que las uñas, que los mocos, que los golpes, que las vinchucas y, al final, el mate cocido con guarniciones.

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Cierre de año, alcanzaron los ahorros para un brindis!!!!!Materia AHORRO.

El maestro tenía la autorización de nuestras madres para mandarnos “con las orejas en los bolsillos”,  si era preciso.  Esos convenios me hacían tiritar y la posibilidad de volver a casa con los bolsillos ocupados y la cabeza más liviana, ponía límites a las travesuras. Aunque peor hubiera sido que las pobres orejas terminaran ocupando un lugar en los estantes, dentro de un frasco de mayonesa.

Así era Bernardino Atilio Orellana, la tiza en la mano derecha, el puntero en la mano izquierda y una invitación permanente hacia alguna salida impredecible , a lo que, en definitiva, es la vida. O lo odiabas o lo amabas, no había gris y mucho menos olvido

Qué estás enseñando para vivir una vida que merezca ser vivida?

Capítulo 23 de mi próximo libro El Ruido de las Alas …un niño que soñaba con cambiar los mundos.