Con la coartada de un trabajo de geografía, que nos permitía volver más tarde a casa, nos encaminamos a descubrir el amor en solo ciento veinte minutos. Era la edad y los tiempos de las caricias con besos copiados a las telenovelas de la siesta.
Las instrucciones habían sido expresadas en forma precisas:
– EL MILAN justo en la esquina de 24 de Setiembre y Chacabuco.
…De la biblioteca, por la misma calle, unas quince cuadras. Llegas a una placita, doblas a la derecha unos setenta metros y allí está el Hotel Milán, el lugar de la iniciación.
La caminata estuvo caracterizada más por el miedo que por el frenesí. La charla, puramente colegial: “Mañana hay prueba de Contabilidad”; “¡Qué difícil es el ejercicio de interés sobre saldo!”; “La profesora de Geografía es una tarada” y etc., etc., etc..
Por lo general, todos iban al lugar en auto pero nosotros no teníamos vehículo, ni siquiera manejar sabíamos.
Y entre diálogos escolares y pasos nerviosos, llegamos al lugar de los hechos, donde la conversación inmediatamente se concentró en la estrategia del abordaje al lugar:
–Caminemos cerca de la puerta y entremos de costado.
– No, mejor entra vos solo, adelante. Me decía ella.
– ¿Y si entramos por el garaje?
Finalmente, al mejor estilo 007, ingresamos ensayando nuestra mejor representación de expertos en esas lides.
Desde una ventana que deja pasar solo una mano, previo pago con los ahorros, aparece una llave con un colgante acrílico que anuncia el número “10”. Sin duda, la visa para el acontecimiento que pronosticaba… sería de diez.
Ahora nos enfrentábamos a un nuevo problema: ¿cómo llegábamos a la habitación número 10?, ¿cuál era el pasillo exacto? Además, imposible hacer preguntas, éramos casi niños… ¡Qué vergüenza! Urgía encontrar nuestro destino, pues corrían los minutos y quedaban sólo… ciento diecisiete. Al final la intuición nos llevó por el desfiladero correcto. Un 10 pegado a una puerta aportaba realidad absoluta a las imágenes solitarias. La llave no entraba, hasta que un “clik-clak” nos abrió el camino rumbo a una alfombra que nos llevaba a una cama grandísima, impecablemente preparada, con cubrecama rojo y almohadas blancas, blanquísimas.
Una música de Fausto Papetti y la luz muy tenue hacían lo demás.
Tuve un gran sobresalto al creer que había otro en la habitación. Pero logré calmarme cuando descubrí un espejo colgado a la pared.
Desde la puerta, ella aguardaba que yo terminara la inspección. Con un gesto de mi mano le transmití que no había nada que temer y que viniera.
Se acercó lentamente. Y yo, con rapidez, comencé la novela de las 16 hs.
Un vestido de cloque rosa con ribetes blancos contenía aquel cuerpo bondadoso en senos y glúteos, mientras que su cintura se estremecía ante la caída de la primera prenda oculta, su pelo quedó liberado al mismo tiempo que mi zapatilla blanca Topper derecha sacaba a la izquierda acordonada y mi Wrangler convertido en un “bollo” sobre la alfombra se retorcía de emoción.
Sus manos en mis botones y las mías sobre los suyos hacían intercambio de funciones. Mientras tanto, la cama seguía intacta. Nos deseamos y la desnudez invitó al tacto que selló un beso casi en el aire. De allí, al flamante cubrecama que dejaba de serlo.
A tres pasos, que parecían eternos, caímos en un mar donde los brazos hacían de olas y los cuerpos, en loco carrusel, danzaban por el vacío que imponía el océano de dos plazas.
Unidos en un solo cuerpo para tanta sábana, la esperma urgente y el pubis angelical, nos transportamos en un vuelo apasionante. Circuncidamos el aire de la “10”.
Luego, sin mirarnos, bajamos planeando al mar blanco de las sábanas que cobijó nuestra pasión y que fue cómplice del vuelo inaugural. En silencioso diálogo interior, nos confesamos al intruso espejo del techo, nuestra apasionante travesura de atravesarnos el alma con amor sublime.
Un oportuno: “Te quiero” madrugó una idéntica intención, un inmediato y balbuceante, “Yo también”, dejo mudo a las palabras, mientras sus manos se aferraban a las mías sabiendo que en poco tiempo el exilio sucedería y tal vez nunca más nos volveríamos a encontrar.
Y las alas seguían creciendo.
…. ¿Qué aprendiste de aquella primera vez, que fuiste cuando fueron?
………… Capítulo 20, adelanto de mi libro «El ruido de las alas.»
SALIR DE LA ZONA DE CONFORT COMO SENTIDO EXISTENCIAL. La vida se presenta, en algunas oportunidades, corporizada, como un ser que vive a la par de nosotros con identidad manifiesta y se comunica en forma directa y llana, con señales inconfundibles, cómplices y explícitamente. Hay otra vida posible que transcurre al lado y de repente aparece «el momentum»
Son esos instantes, de tanto esplendor que podes decir llenando los pulmones y pensando en el gran Pablo Neruda…«Confieso que he vivido.»
Animarnos a tomar acción para concretar nuestros derechos de tangibilizar sueños, ideas y visiones,es el tiempo que nunca se mide con el reloj sino que son instantes ilimitados, que se perciben a través de la brújula personal, esa que nos orienta y nos vuelve a poner en el sendero de nuestro verdadero camino.
Los relojes marcan las 24 horas, la brújula marca los logros eternos, conectados con tu razón de Ser, el camino, caminando hacia la eternidad del compromiso de gastar tus emociones reservadas dando dignidad al arte de vivir.
Tuve, tengo y tendré momentos brújulas donde siento la cara esplendorosa de la vida me guiña el ojo derecho con una sonrisa amplia a punto de convertirse en estridente carcajada, eso es lo que sentí apenas llegue al circo y me acompañó en cada momentos que viví allí , intensos y calmos, llenos de ahoras en todos los instantes, explosiones de asombro, repleto de colores, olores y sonidos que se unen formando una catarata de conexiones.
Ver tu vientre henchido, azul con estrellas, sujetado con cuatro gigantes agujas equidistantes simulando el mejor tratamiento de acupuntura para ordenar la energía, que logras hacer nacer en cada noche allí dentro tuyo, con tus luces que se prender para alumbrar el nacer las chispeantes risas de los niños de ahora y también desde los que se animaron a conservarse eternos en el asombro.
Cada uno de los 10000 focos de 40, se encienden para soltar sueños de alegría, son casi 10000 luciérnagas para la imaginación, intermitentes, intensas, imposibles de separar entre lo que pasa allí en el afuera y lo que transcurre dentro del vientre activo bullicioso e impecable.
Sillas ocupadas aunque estén vacías, repletas de alegrías, asombros e intrigas, decenas de parantes testigos de sudores , cuerdas de innumerables grosores, para cuidar que la función siga y que los vuelos lleguen burlando a la red, reflectores como lupa que iluminan a los artistas, artistas que siguen a los reflectores, escenario que dibuja escenas, el ruedo multicolor suave y fuerte que suena chispeante ante cada aterrizaje y a cada paso , un ruedo que copia las emociones de las acciones de los caminantes de la risa y las intrigas, por esa lona pasaron tantos y se quedaron todos, pise descalzo tu textura, sentí la temperatura de la vida llena del aquí y ahora omnipresente, la red de soporte tensa para estar flexible y contenedoras a ultranza.
Por aquí las exclamaciones, ante unas manos que no llegan a tiempo hacen del ohhhh!!!! Una sinfonía permanente.
Telas de colores brillantes envuelven cuerpos torneados de ellas, que haciendo interminables tirabuzones , se vienen en picada desde lo alto ,casi casi casi… hasta el piso cómplice.
Hay miradas hacia arriba como queriendo encontrar una estrella que se coló en la matriz intermitente.
Zapatones amarillos con lengüeta roja, zapatones rojos con lengüeta amarilla, prestos para ser cambiados velozmente por el dueño de los asombros; el conocido Microbio, nieto del legendario Caracolito, aquel desde hace muchos años sabía que estaría donde está, sabiendo quien es el que es, el irremplazable Microbio.
Un telón fuxia gigante arrugado apropósito marca el límite de las intrigas entre lo que se ve y lo que se puede imaginar, el atrás con pocas luces imita al mundo cotidiano, cerrado oscuro sin brillo, privado serio y hasta triste, no da ganas de estar allí será por ello que los protagonistas esperan muchas veces fuera del vientre para entrar y pasan veloces por ese lugar, pero en el mismo dintel del telón la magia se hace presente cambiándolo todo, transformando con lentejuelas, sonidos y maquillajes; ese dintel es la varita mágica.
Cada función es solo el entrenamiento para la siguiente, tal vez para ustedes amigos nunca exista la última, ya que ensayan en cada instante, en cada vuelo de Martín para tomar a Facundo su hermano, es un canto sintético que celebra la poderosidad del vinculo más extenso en la vida de los mortales ,ustedes con sus movimientos tejen y tejen y tejen hermandades…no es una casualidad que son las cuarta generación de los hermanos Tejedor.
Los vendedores de golosinas, hacen de los niños auténtica jauría de huelguistas, que reclaman a sus gobernantes, por algo que en la bandeja pasa para los ojos buscadores, los vendedores también aplauden, aunque sea ya la millonésima vez que ven a Microbio en su golpe torpe inesperado para todos…menos para ellos.
La música suplanta al locutor, la orquesta está presente dentro de un monitor, la impecabilidad de los acordes justo en cada instante necesario hace de Aníbal un anónimo artista detrás de la casilla musical, esa que nadie se percata y que está justo arriba del toldo donde entras y te maravilla el escenario y por donde te vas sonriendo hipnotizado por lo que te llevas. Aníbal no sale a saludar se inventa sus reconocimientos, es el primero en llegar y el último en irse, es el que no está, el que nadie ve pero el que hace que los demás se vean.
Los juegos en el circo.
Los chóferes de la caravana durante la función cenan detrás del vientre, en sus mesas con mantel de raras figuras que delatan los movimientos de las copas generosas, más allá de los bordes, estos son los artistas en desarmar, acomodar, ordenar, encontrar espacios y tragar kilómetros rumbo a cada destino nuevo. Ellos allí cenando, pueden reconocer por los silencios, en que parte de la función se está, cuando terminara y hace cuanto empezó mientras siguen cenando y conversando el próximo destino.
Los innumerables perros que se unen y desunen al raid interminable de 60 años, ellos hacen silencio de radio durante las dos horas de función, ni siquiera caminan pero apenas termina y se va el último espectador el concierto de ladridos empieza, se ubican en estratégicas esquinas del campamento y montan pretoriana guardia; ese es el código para pertenecer.
Amigos entrañables.
Los cables circundan lugares insospechados, compiten con las sogas, el trapecio, las telas, los aros, aquí es todo circular la boca del asombro, lo ojos en guiño, el ruedo, las mesas, los abrazos, los cables de más, el micrófono, los movimientos, los dibujos de la varita mágica en el aire, los saludos.
El morir/vivir en la casa de la risa, está impactado por la intensidad del ya, es la imbatible forma de “quedarse estable” como se dice cuando alguien se detiene en algún lugar, cuando te clavas en la tierra y no seguís corporalmente con el circo, esto también se festeja ya que es parte de la gran función y el cerrado aplauso coroná la función, pero el «estable» sigue rondando, llenando sillas vacías, haciendo bulto, tensando sogas, cuidando, dando aire, haciendo pochoclo, tumbando y parando la carpa en cada lugar, nadie aquí queda estable totalmente, nadie.
Los niños engrandecieron mi corazón. Sofía de un poco más de dos años ya sabe lo que hace y lo que representa, saluda con sus bracitos perpendiculares a su cuerpo diminuto, el pie derecho en punta delante del pie izquierdo, la sonrisa de souvenir e infinitos besos al mar crecido de espectadores, ella solo sale en la presentación vespertina, la de la noche se la dedica a saludar sus sueños en la cucheta del carromato. Ella juega a trabajar en un circo y lo logra…Me encantaría presenciar a donde llegaras pequeñísima dama, estarás en los aros…., o tal vez en la colchoneta, en el trapecio volando, seguro estoy que seguirás siendo feliz.
Camila con tus diez años la figura central del espectáculo protagonista del cuento mágico en busca de los sueños , niña que viajas por el inmenso vientre tenso en un aro rosa como un hada pensativa buscadora y perseverante, niña de ojos brillantes, competencia de la luna, lectora voraz, sonrisa completa al correr por los costados de la carpa, escondiendote para asombrar, sorteando cada soga en la oscuridad, siempre te recordare, ya gastaste varias zapatillas aquí, difícil será que quedes estable niña de la cuarta generación Tejedor.
Agostina con tus cuatro meses estrenando la quinta generación, ya aprendiste a llenar una sonrisa por nada, primer pasaporte para pertenecer, aprender a sonreír con las encías solamente, te dieron de mamar apenas la mamá bajó del trapecio o sea fuiste nutrida con vuelos, te cambiaron los pañales en colchonetas o sea que los golpes no lo sentís, jugas entre las cuerdas o sea que la libertad ya sabes cómo ganarla, pequeño ángel ,tenerte en mis brazos fue una sensación de sujetar un globo que ya se mueve inquieto buscando volar.
La abuela con más de cuarenta años de movimiento, ya no haces volar palomas pero si a tus nietos , despediste en aquel pueblo a la vieja Yenni que se empecinó en quedar estable, la arrugada partener, la elefanta , algunos repitentes de la función de años preguntan… Está la Sandra?… sin lugar a dudas dejas de existir solo cuando nadie te recuerda.
Abuela de modales completos, llana y de presencia sabedora, de todas las fechas pasadas y próximas de los partidos de football de la selección argentina, mis mas grandes respetos , tus nietos te adoran , tu ensalada de repollo blanco en la mesa era un blanco perfecto de todos nosotros, el silencio de tu risa, espanta la invitación a quedarse instalados en algún pueblo … que viva la inestabilidad.
…..Si vivirías en un Circo qué rol crees ocuparías ?
…..Cuál es tu capital trasladable , aquello que nunca perderás?
…..Cuántas mudanzas te quedan por delante?
Esta fue una de las experiencias más bellas de mi vida, irme a con-vivir con un Circo, fue en la parada de Ituzaingó Corrientes. Gracias a toda la comunidad Lowandi, un verdadero circo criollo. Pasa el tiempo y siguen estando fuerte en mi corazón y en el mar de aprendizajes que me aportan.