Que pasa en Sapa ?

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Llegar al norte de Vietnam en el conocido “sleeping bus”, una especie de hotel alojamiento móvil, lleno de luces rojas y azules titilantes con asientos de odontólogos, en el cual te más que sentarte, agradeciendo que te haya tocado el lugar de abajo de esa cucheta rodante que es este singular transporte, es altamente recomendable de evitar.


Pero ya descendiendo, te recibe su majestad la bruma de la enigmática ciudad de Sapa, residencia de pintorescas etnias de vestimenta singular.
Allí mismo, en el playón de estacionamiento, un sinnúmero de colores intensos en la vestimenta de las mujeres Hmong te sumergen inmediatamente en un mundo de fábula que te envuelve como la compacta neblina que te lleva de la mano a perderte en cada metro.
“Al alcance de tu mano está la de la “sherpa” que con la infaltable sonrisa te avisa que esa caída es señal de próximo casamiento”.Las terrazas bordadas de cultivos juegan a las escondidas con las nubes de los 1600 metros sobre el nivel del mar, una postal inolvidable. Parecen dibujos de manos laboriosas que hacen puntadas con los sembradíos logrando que la mirada busque ayuda para capturar semejante belleza de esos peldaños de abundancia nutricia.


Caminar por esos senderos es como pedirle permiso al cielo y pagar el peaje de alguna caída en el barro arcilloso (en mi caso) , pero allí al alcance de tu mano nuevamente está la de la “sherpa” que con la infaltable sonrisa te avisa que esa caída es señal de próximo re-casamiento. Esas mismas guías, con las ramitas del camino, te hacen corazones o caballitos como recuerdo de aquella experiencia que te deja lleno de barro y empapado.
Aquí todo es sacado de un libro de hadas pues aquí fue el lugar donde una hada empolló los huevos de donde nacieron las etnias que pueblan Vietnam, una bella historia de amor que le da identidad a la existencia de un mercado único en el mundo. Ya les cuento: Se sienten aromas distinguidos en sus calles con variedad de sopas que harían sucumbir hasta nuestra Mafalda… Sigo sintiendo esos olores a curry, cilantro, soja y la salsa hoisin de la selectiva e imperdible cocina vietnamita.
También los hombres con largas pipas de bambú se acercan al opio con esa cara de “yo no fui” mientras el alcohol de arroz con serpiente promete que no se caerá el pelo, curará la ceguera y asegura erecciones duraderas.
Todo es realismo mágico por aquí, mientras la música del instrumento nacional de una sola cuerda, el Dan Bau, te sumerge en un arco de emociones que no se puede creer, un símbolo vietnamita, donde la austeridad muestra su abundancia.

Y la sonrisa permanente , no siempre completa en dientes y esos ojos enmarcados en arrugas de gestos hospitalarios siempre te recuerdan que en todo el mundo la simpatía es un pasaporte que no necesita visa.
Y allí mismo, al final de la calle empinada en el anfiteatro, se lleva a cabo el espectacular mercado del amor, donde los jóvenes en edad de merecer, muestran sus dotes de seducción con danzas, canciones y coqueteando, buscando a el o a ella y juntos seguir gestando la multiplicidad de colores de sus etnias milenarias.
El mercado del amor es un espacio donde el encuentro tiene un lugar que todavía Facebook no lo suplantó, aunque en las manos de los Hmong , los Do , los Tay o los Giay. Mientras camino me acuerdo de Roberto Galán y su perenne frase… “yo me quiero casar ¿y usted?” 
Muy viejo para ser nuevo pero siempre actual ante la necesidad de todas las culturas: encontrarse para generar futuro
Pasa mucho en Sapa.
¿ Que ofreces que ninguna otra persona puede ofrecer para que se enamore de vos?
¿ Revisaste que no seas un commodity en el arte de generar amor?

Envolveme el corazón.

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Alexis , el vecino de mi casa familiar de La Habana , es un  “torcedor” de hojas de tabaco, y en las noches de conversaciones y humo, me regala la posibilidad de conocer algo único. Visitar desde adentro donde trabaja.
Llegó al capitolio de la Habana y allí atrás aparecen los arcos de la fábrica de Tabacos Partagás, voy a vivir la experiencia educativa obrera más trascendental del mundo manufacturero. Voy a escuchar al “lector de tabaquería”, ícono en el mundo, declarado patrimonio intangible de la humanidad.
En el centro del salón un mar de trabajadores con sus camisetas blancas y sus blusas, van amasando las hojas mulatas del tabaco mientras  la chaveta, un pedazo de metal, va rebanando el excedente de la hoja, haciendo un envoltorio que se envuelve a si mismo y el molde espera apretar con la fuerza y la exactitud buscada.
Todos están inmersos en su trabajo, mirando fijamente su arte de ensamble para el ritual del consumidor, cuidando el color, la textura, la humedad, el estirado de la capa, la ingeniería del tiro, para que la bocanada de humo sea precisa.
Y mientras me deleito con la sinfonía de aromas, allí arriba en la mesa, el lector con una dicción única, enlaza letras y consonantes formando palabras que generan frases. Está leyendo justamente a Shakespeare, para los cientos de sus compañeros obreros. A él no le toca torcer tabaco, a él le toca leer para todos.
El lector de tabaquerías es un rol instalado desde 1865 en Cuba, y lo cumple una persona que lee todos los días los libros elegidos por sus compañeros, que van desde Dostoievski a Zola, pasando por las noticias, recetas de cocina y el pronóstico del tiempo.

El lector es el que le da vida a la descripción del célebre José Martí: “las mesas de lectura de las tabaquerías son tribunas de libertad”.

Y exactamente, conversar con cualquier trabajador de las tabaquerías es ponerse al frente de experto de las letras universales, pues mientras trabaja aprende y goza de la literatura que los envuelve mientras ellos envuelven las láminas marrones de fragancias indomables.
Sigo escuchando y asombrándome, el lector se da cuenta de mi estupor y con un gesto cubanísimo me dice:
– Compañero lea un párrafo. Mientras corre el micrófono y en un ataque de emoción tomo el Granma y leo una noticia, con mi mejor acento santiagueño (del Estero), o sea, de acá nomás.
Inmediatamente el lector retoma su trabajo, me quedo a su lado y empieza a leer al clásico Romeo y Julieta mientras me acerca un habano con el mismo nombre explicándome que esa categoría se la denominó así en homenaje a ese libro, que prácticamente de memoria los obreros ya lo saben, pero como todo buen cigarro y toda buena literatura se puede repetir y repetir.
Lo escucho extasiado mientras sigo explorando las caras y las manos que enrollan el glamour seductor para el futuro placer de fumarse un puro de los más puros.
Y se escucha por los parlantes…
JULIETA (hablando a solas) .-¡Romeo! ¡Romeo! ¿Por qué eres tú, Romeo?… Reniega de tu padre, adjura de tu nombre, y si no quieres hacer eso, jura que me amarás, y yo cesaré de ser Julieta Capuleto.
 
ROMEO.-¿Debo continuar escuchándola, o debo hablarle?
 
JULIETA.-Tú no eres mi enemigo; lo es tu nombre, tu nombre solo. Tú eres tú y no eres un Montesco. ¿Que es un Montesco? Esos brazos, esa cabeza, esos cabellos, no componen un Montesco…Todo eso te compone a ti… ¡Cambia de nombre! ¡Un nombre no es nada! Demos a una rosa otro nombre, y no por ello dejará de agradarnos; su perfume no será por eso menos suave. Si Romeo tuviese otro nombre, toda su gracia y su perfección quedarían en él, que es a quien yo amo. ¡Borra tu nombre, oh Romeo, ese nombre que no es nada, ese nombre que no constituye tu ser! ¡Bórralo y tómame a mí en cambio, a mí toda entera!
Voy saliendo del galpón como quien sale de un escenario, los despido con el gesto de un abrazo y un guiño avisa la recepción de mi afecto y admiración.
Cruzo la calle hacia el parque de la Fraternidad ornamentado por los bustos de los masones célebres. Me siento al lado del libertador de los andes, saco un Montecristo que supera a la novela de Dumas, de sabor recio sin concesiones, y también un Romeo y Julieta, de sabor  y dimensiones ideales, con cepo grueso, longitud óptima, excelente combustibilidad y notas acarameladas que recuerdan un amor prohibido… El mismo que prefería sir Winston Churchill.
Decido por este último y me sumerjo en la ceremonia del corte, toco la tripa, el capote y el gorro, lo enciendo con cerilla de cedro y ya el primer humo me pone en trance… entonces sueño con obreros multiculturales que consuman educación sin límites, que se dignifiquen en espacios de desarrollo que se llenen de lectores y lecturas. Sueño  con trabajadores que tengan clara la diferencia entre el deseo y la necesidad, un dilema que solo la educación puede develar. Porque en este ejemplo cubano, el lector de tabaquería es un obrero educado, un obrero del desarrollo de personas para una humanidad sustentable universal.
Mi pregunta de regalo…
 
¿Qué diferencia hay entre un analfabeto y uno que sabiendo leer no lee? #exploralo

Se puede fabricar Libertad ?

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El sol escondido dentro del otoño polaco se muestra por momentos y se retira por otros, como escapándose de alguna persecución . La gran Rynek Glowny, la plaza medieval más grande e imponente de Europa con sus 4 hectáreas , nacida para el trueque , está poblándose lentamente, aún a pesar de lo temprano de esta mañana templada en el termómetro pero fría en mi interior.

 

Aquí en la mismísima Cracovia , donde los bosques tupidos sirven para amarse y para que Karol Wojtyla sueñe con su papado, aquí mismo en estos cielos límpidos se inspiró Copérnico para poner al Sol en el centro, al igual que las clínicas dermatológicas ofrecen el mejor tratamiento mostrando el inmaculado cutis de mujeres casi de cera , aquí mismo se conserva la casa  natal de la conocida en el mundo como la inventora de la belleza… la emprendedora Helena Rubinstein, que desde una historia de necesidades pudo transformar su propia historia  y  la autoestima  de millones de mujeres,  creando un imperio de cremas y glamour,  sentenciado  con su famosa frase… “No hay mujeres feas, solo las hay perezosas”. Helena la cenicienta de Cracovia que  delineó su vida, poniéndole texturas al tacto, sensualidad al rimmel y pasión a los labios rojos.
 Aquí mismo las iglesias y los palacios se camuflan para no ser distinguidos , tal vez  por el aprendizaje de la sangrienta invasión nazi.
Atravieso la plaza rumbo al barrio de Kazimierz, justamente donde el guetto judío vivió para morir.
Tengo hambre, mucha hambre, siento mi estomago que está contraído, tal vez este confundido y no sea hambre sea otra cosa , pues mi respiración se acelera y mis pasos no encuentran el ritmo.
Me siento, puedo sentir el frío de la silla de metal, estoy en el famoso Bar Singer, que homenajea  a Isaac Singer, no fue el que logró el invento pero si el empresario/actor que entendió el concepto clave  …  un bien es más valioso cuando es más práctico, es familiar y se puede pagar a plazo. Inundando al mundo de puntadas , surfilados y costuras.
Algo caliente para apagar el frío, vendría bien y no dudó en pedirme un “borsh” la mítica sopa de remolacha que me hace viajar a mi bobe (abuela) , puedo mirarme en el espejo rojo del plato, mientras la cuchara de metal también me anticipa un recuerdo de la próxima inminente visita a la fabrica de Ollas de Oskar Schindler .
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La atmósfera tiene los aromas distinguidos de comidas de la tierra, donde el hinojo, el perejil, la pimienta y el jengibre hacen el coro a la paprika formando un batallón que te conquista quedándote vencido ,sin pelear .
Por la misma  angosta calle , presuroso un religioso, enfundado en su tapado negro va sorteando alemanes que hoy son turistas y recién ahora …los puede sortear.
Lo sigo y cada momento se acercan más los sonidos de un clarinete, un acordeón  que sale de la sinagoga  Remuh, son los acordes de la música Klezmer , esa mezcla de acordes de llanto y alegría brotados del alma y que el clarinete hace estremecer , lo veo a mi tío Jaime , el de los abrazos fuertes, de las comidas sabrosas y de los ojos tristes que vivía recordando haber sido el que hizo la punta para escaparse de las persecuciones y esperar a sus hermanos de la lista familiar.
Escucho como desde la  ventana del templo donde ingreso un religioso ,todo vestido de negro, se descuelgan y van circundando el aire la música de la lista de Schindler y me encamino con fuerza y decisión hacia la fábrica del empresario del tercer milenio .
Antes de cruzar el  generoso río Vístula, me encuentro con la plaza  Bohaterów que fue el corazón del gueto  , allí 70  inmensas sillas vacías  representan la espera que pasaban los  pasajeros sin regreso rumbo a los hornos de Auschwitz y en la mismísima esquina , la farmacia del otro empresario del tercer milenio, Tadeus , el único católico que podía permanecer en la zona y  se arriesgo permanentemente, ayudando a cientos a escaparse  por la falsa  puerta ,o a suministrarles medicamentos o a pasarle tintas para falsificar documentación, la liberadora Farmacia del Aguila que, contrasta con las tapias en forma de lápida del guetto hechas a propósito para que se sepa que de allí no saldría nadie con vida.
Cada vez camino más ligero no se si por llegar o escaparme. Camino y camino por el viejo barrio obrero, hago una cortada por un baldío y me desplazo debajo de un destartalado puente metálico, ya no veo a nadie a mi alrededor, hay mucho silencio afuera pero adentro siento el clarinete y el acordeón de la música Klezmer, con una penosa melodía gusto a invierno, con cadencias de fuga y abdicación, con colores grises… muy grises de todas las gamas.
Allí adelante aparecen un tinglado, y la vereda se hace uniforme, hago lenta  la marcha, mientras que un remolino de viento me quita mi gorra, salgo corriendo a buscarla, me agacho la recuperó justo debajo de un cartel que reza Fabryka Oscara Schindlera-Amalia…el corazón se me detiene y mis ojos se pierden en las fotos de los salvados inmortalizadas en el mural de entrada.
Estoy en la fábrica de la libertad , allí donde la lista se confeccionó para estos seres que fueron salvados detrás de una empresario que encontró en su profesión mucho más que comprar barato para vender caro, un empresario que sintió la desarmonía del mundo y con la excusa de emprender lleno un lugar mayor que el burdo mercantilismo oportunista.
Adentro todo es historia clandestina y una pila de ollas y utensilios de metal muestran la excusa perfecta, ver cómo hacían mal los productos para demorar y ganar tiempo para escaparse, haciendo bien el verdadero producto … la liberación.
Me siento en el suelo apoyándome en una descascarada pared mientras otro remolino de viento, hace bailar unas hojas y de ese baile veo florecer la esencia del SER empresario para el nuevo milenio, que no es ni más ni menos, que crear organizaciones donde la gente quiera apasionadamente pertenecer ,para desarrollarse y desarrollar un mundo que merezca ser recordado.
Recordar  que la libertad se ejerce con otr@s y no es lo mismo que la autonomía solitaria, por eso hay que tomar conciencia que somos libres con alguien nunca solos.
Gracias Oskar Schindler, Helena Rubinstein,Papa Karol Wojtyla , farmacéutico Tadeus, Isaac Singer….por SER primero seres defensores de la vida, humanos comprometidos con generar ciudadanía  y luego empresarios .
Mis preguntas de regalo.
…Tu trabajo genera libertad ?
…Estás en una empresa /organización que aumenta tu valor personal?
…Eres libre o solo tenes la cadena larga?